lunes 27 de julio de 2009 - 10:00 AM

La mala política en Santander

Entre paréntesis – Ha aparecido un extraordinario libro publicado por LEYER y de autoría del abogado y economista Jorge Humberto Galvis Cote, llamado 'El Derecho Económico y Financiero en las actividades empresariales'. Muy recomendado, por lo práctico y completo, para administradores, economistas y abogados.

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No será nuevo mi reparo contra la mala política y los malos políticos en nuestra región. Tampoco mis críticas a la forma en que los electores fungen como siervos de la corrupción y reeligen constantemente a los mismos con las mismas en un círculo vicioso de nunca acabar.

Sin embargo, a unos cuantos meses para elegir Representantes a la Cámara y Senadores, el escenario en Santander podría estar despejado para un intento de renovación de una dirigencia que ha comenzado a desvanecerse – ¡gracias a Dios! –. Los viejos y amañados políticos se sienten cansados y hemos visto que incluso algunos de ellos han anticipado su retiro. Todos los demás andan investigados o encarcelados y sabemos que sus líos judiciales les impedirán, cuando menos, participar directamente en los próximos comicios.

Como tenemos una sociedad tan frágil en materia de rendición de cuentas, jamás sabremos cuál es el balance que dejan y por lo mismo nunca podremos estimar suficientemente el daño que nos hicieron.

Se van ellos, pero mi temor es que las perversas estructuras que fundaron y que les permitieron manejar la política en Santander continúen vivas. Es probable que incluso sigan interviniendo desde una celda o desde los pomposos hogares a que se hicieron con plata de todos y a punta de marrullerías. No nos basta, por eso, con ver caras nuevas en los tarjetones. La mala política en Santander ha corrompido al electorado e introducido dinámicas amorales que serán muy difíciles de cambiar. En nuestro Departamento, por ejemplo, no existe eso que en Bogotá llaman ‘votos de opinión’. No exigimos programas de gobierno, ni revisamos antecedentes, ni siquiera tenemos unidades investigativas tan sólidas en los medios como para detener la figuración de los personajes de tan mala calaña que nos han gobernado.

No todo está perdido, es verdad, pero el hecho de que los políticos de siempre se estén opacando no quiere decir que los nuevos que vengan sean todos los que cambien el dramático cuadro que he descrito. Harán falta veedurías ciudadanas, universidades comprometidas con el debate público y la transparencia, gremios activos y entidades sociales sin ánimo de lucro que acompañen este tránsito que ahora puede ser posible, aunque como digo, no sea del todo fácil. ¿Será mucho pedir que los ciudadanos no sigan votando contra sí mismos? 

 

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