lunes 22 de agosto de 2022 - 12:00 AM

¿La olla raspada?

Ojo con los gastos de funcionamiento, ojo con el derroche en las entidades estatales, ojo, en fin, con la corrupción y el clientelismo que es donde parece estar la mayor fuga de recursos.

Esta semana volvió a aparecer un ranking actualizado de las economías del mundo con datos reportados del segundo trimestre de 2022. Según esa tabla, Colombia tiene la economía que más crece entre todos los países, con 12,6 por ciento, seguida de Portugal con 6,9 por ciento y España con 6,3 por ciento. Las cifras se compadecen con el semáforo que publica el diario El Tiempo y que da cuenta de cuáles sectores están en rojo, amarillo o verde. En esta última categoría, es decir, mostrando una variación positiva, aparece la producción de petróleo que pasa de 729,962 barriles diarios, entre enero y junio de 2021, a 746,826 en el mismo periodo de 2022 o las exportaciones que aumentan entre estos dos años un 57,4 por ciento o las ventas del comercio al por menor que también muestran una evolución de 18,2 por ciento.

La producción real de la industria también aumentó entre 2021 y 2022 en un 17,3 por ciento y la ocupación hotelera tuvo una variación positiva del 66,4 por ciento en el mismo periodo.

Por supuesto, el camino no está despejado. Los países que vieron una reactivación esplendorosa después de dos duros años de pandemia, tenderán a decrecer su ritmo en este último semestre y el 2023 podría no ser tan bueno en términos globales. La inflación está dura de contener y la deuda externa creció precisamente por la necesidad de aumentar el gasto para responder a los desafíos del coronavirus pero esa fue una receta aplicada por la mayoría de países y no una locura o irresponsabilidad del pasado gobierno como algunos pretenden mostrar.

El punto es que Colombia lo ha hecho bien en los últimos años y que no se puede echar por la borda estos índices positivos que el mundo entero le reconoce a nuestra nación, máxime cuando en el vecindario otros países están sufriendo condiciones verdaderamente difíciles. La olla no está raspada, como gritan los predicadores del desastre. Hay con qué aunque seguramente se necesita más para cumplir con las promesas del nuevo gobierno. Lo importante es no “matar” los sectores que están aportando al crecimiento. No frenar la construcción, no renunciar porque sí a los ingresos derivados de los hidrocarburos, no aumentar en términos reales la carga impositiva de las empresas al punto de que la tributación neta llegue a ser confiscatoria y tener mucho cuidado con los cálculos alegres que comienzan a hacerse a la hora de establecer el nuevo salario mínimo que regirá en 2023.

Ojo con los gastos de funcionamiento, ojo con el derroche en las entidades estatales, ojo, en fin, con la corrupción y el clientelismo que es donde parece estar la mayor fuga de recursos que deberían usarse en cerrar la enorme brecha de desigualdad que tenemos.

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