lunes 18 de abril de 2022 - 12:00 AM

Las contradicciones de Petro

A todas estas me pregunto: ¿qué pensará Francia Márquez del “perdón social”? ¿Qué pensará de lo que ha pasado en los últimos días, en las últimas horas, en las que su voz se ha oído más bien poco? ¿Le habrán pedido mejor pasar?

Difícil entenderlo. Un día amanece pensando que los medios son guaridas de neonazis. Al otro día, dice que hay que respetar la libertad de prensa y de expresión; que hay que defenderse del argumento sin atacar a las personas. Un día advierte que “lo que Iván Moreno nos ha sugerido es ser constructor de algo que yo he propuesto que se llama el perdón social”. Al otro día, leyendo un ‘teleprompter’ mal instalado, concluye: “Ni en las peores pesadillas se nos ocurriría darle la libertad a los corruptos”. Un día dice que Juan Fernando, su hermano, no hace parte de su campaña, pero días atrás, ese mismo hermano aparece liderando actos oficiales y escribe en su Twitter con tranquilidad que estuvo como “delegado de la campaña presidencial de Gustavo Petro” en el encuentro nacional e internacional de víctimas.

Un día dice ser un candidato alternativo pero, al otro día, aparece al lado de los más tradicionales políticos: Roy Barreras, Armando Benedetti, Ernesto Samper, Piedad Córdoba. Un día, como candidato, promete respetar las libertades, no expropiar, no apropiarse de los ahorros individuales de las pensiones de la gente, pero ¿qué diría, al día siguiente, si llegara a posesionarse como Presidente?

Las contradicciones del candidato Gustavo Petro en cuestión de días revelan un aspecto de su personalidad que no puede soslayarse. Un hombre que no mantiene su mirada fija en sus interlocutores; un personaje que, para ganar, es capaz de traicionar la esencia de lo que ha sostenido durante más de 20 años; una campaña en la que, tristemente, muchos le apostaban al cambio y terminaron, ellos sí, “entrampados” en una espiral de mentiras y movimientos oportunistas, todo con tal de llegar a la Casa de Nariño en la última oportunidad que tiene antes de enfrentarse a un desgaste inevitable en su carrera política.

Las contradicciones del doctor Petro no son cosa menor. Su incapacidad de reconocer yerros, de ofrecer excusas, de sentirse como un ser humano cualquiera y de no poder bajarse del pedestal en el que lo mantienen encaramado sus áulicos, lo convierten en todo lo que, un día, dijo detestar.

Sus prácticas no son distintas a las de los políticos de siempre y su imitación de esos malos hábitos se convierten en una claudicación de su discurso de alternatividad.

A todas estas me pregunto: ¿qué pensará Francia Márquez del “perdón social”? ¿Qué pensará de lo que ha pasado en los últimos días, en las últimas horas, en las que su voz se ha oído más bien poco? ¿Le habrán pedido mejor pasar? De contradicción en contradicción, va esa campaña presidencial.

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