lunes 27 de mayo de 2019 - 12:00 AM

Las cosas en su sitio

En últimas, parecemos estar frente a un juego de suma cero y mientras tanto las instituciones, todas, perdiendo cada día más credibilidad.

El artículo del New York Times (NYT) que generó polémica en Colombia por sus denuncias al comandante del Ejército y el supuesto regreso de políticas de estímulo para incentivar las bajas por parte de la Fuerza Pública, deja muchos perdedores y muy pocos ganadores.

Por ejemplo, ni la senadora María Fernanda Cabal tenía derecho a etiquetar sin pruebas al periodista que realizó el reportaje como auxiliador o cómplice de las Farc, ni le quedaba bien tampoco al periódico estadounidense lanzar un rabioso editorial contra el gobierno colombiano con varias imprecisiones por no decir que intencionales mentiras. Afirmar que Iván Duque ha reducido los presupuestos para la implementación de los acuerdos resulta una falsedad. Los primeros artículos en aprobarse en el Plan Nacional de Desarrollo fueron precisamente los que más dinero le aportaban a estos proyectos y el gobierno ha resultado tan buena paga de los más de 10 mil combatientes que reciben subsidios que incluso ‘El Paisa’, que no acude a los llamados de la JEP, seguía recibiendo hasta hace unas semanas estos recursos. Tampoco es cierto que Iván Márquez haya abandonado el proceso por culpa del gobierno, como parece sugerirlo el editorialista de ese periódico. Márquez es, en sí mismo, el principal saboteador de la paz y para no ir más lejos el NYT tendría que haberse leído la carta de Rodrigo Londoño en el que lo acusa con todas las letras de traicionar la negociación.

Dice el NYT que la siembra de coca también ha crecido en el último año y, de nuevo, relaciona ese aumento con las actuaciones del actual gobierno sin decir que Duque sólo esta recibiendo una pesada herencia que le dejó Santos, entre otras cosas, como consecuencia de un “hagámonos pasito” durante la negociación que facilitó el aumento de los cultivos en algunas zonas del país para no tirarse la paz que se negociaba en La Habana.

El Ejecutivo, por su parte, ha actuado erráticamente y aunque las cifras parecieran estar a su favor porque los combates, en efecto, se han aumentado pero la letalidad de las operaciones se ha reducido con respecto al anterior gobierno, la decisión de retirar unas planillas que generaban confusión y la posterior idea de crear una comisión para investigar las denuncias, dejan el sabor de que algo malo sí estaba ocurriendo y que, de no ser por el NYT, nada se sabría. En últimas, parecemos estar frente a un juego de suma cero y mientras tanto las instituciones, todas, perdiendo cada día más credibilidad.

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