lunes 16 de diciembre de 2019 - 12:00 AM

Las curules y el Esmad

Supeditar la conversación nacional que encabeza al Presidente a la eliminación del Esmad es irresponsable de parte del comité promotor del paro.
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Dos polémicas de corte político y social acompañan estos días de fin de año. Por un lado, la que se refiere a la pertinencia de tener o no una fuerza antidisturbios como el Esmad en un país como Colombia y, por el otro, la discusión sobre las curules para las víctimas del conflicto y la forma de elegir a quienes puedan ir al Congreso a representarlas.

Sobre el Esmad: es imposible acabarlo, pero tal vez necesario ajustarlo. Las voces más críticas piden su final y mientras en más de 100 países del mundo existen este tipo de equipos humanos especializados en situaciones excepcionales que se salen de control, aquí los más radicales solicitan su entierro. Arrancar con esa pretensión de tajo, es inconveniente e imposible y ni éste ni otro gobierno pudiera acceder a una pretensión de esta naturaleza. Supeditar la conversación nacional que encabeza al Presidente a la eliminación del Esmad es irresponsable de parte del comité promotor del paro. En cambio, de manera razonable, habría que pedir cambios en los protocolos existentes o sistemas de investigación acelerados cuando se cometen excesos. Fórmulas intermedias deberían explorarse pero quitar el Esmad nos llevaría a una opción todavía más radical y absurda: que la Policía regular o el Ejército, que usa armas convencionales, terminen interviniendo cada vez que se presenta un disturbio y ese, sin duda, es peor remedio que la enfermedad.

Pasando al otro tema, frente a las curules de las víctimas, habría que decir que complace que tanto el Ejecutivo como la oposición estén de acuerdo en que deben existir. El problema es cómo seleccionar a los que irán al parlamento en nombre de las víctimas para que exista una representación real de todas ellas y no se convierta en una trampa para que los políticos de siempre se queden con esos cupos o, peor aún, para que los victimarios aumenten su representación. Ese debería ser el foco de la discusión. El gobierno tiene una buena oportunidad de presentar y socializar un proyecto que disminuya esos riesgos y deje llegar al Congreso las voces de las auténticas víctimas que se contrapongan a esas de las Farc que, sin pasar por la JEP ni recibir una sanción, ya están recibiendo los jugosos sueldos a los que tiene derecho un congresista, mientras los que sufrieron el rigor de la guerra están por fuera de la deliberación legislativa. Sin palabras.

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