lunes 13 de septiembre de 2021 - 12:00 AM

Lo que podemos aprender

Ojalá los jueces que defienden tanto el libre desarrollo de la personalidad, sean conscientes de que esta vez se trata de algo más grande que todo: la salud del pueblo colombiano y el futuro del país en general
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Confiados en que lo peor ya pasó y con una tasa de menos de 100 muertos por día en el país -cuando llegamos a tener 700 en los días más críticos- estamos pasando muy rápidamente la página del Coronavirus sin prever que a finales de octubre, como han dicho algunos expertos, puede venir un cuarto pico en nuestro país.

Es verdad que necesitamos reactivarnos plenamente y que para ello necesitamos que casi todo vuelva a funcionar como antes, pero es indispensable en esta “vuelta a la normalidad” que la gente se vacune y, todavía, entre los más jóvenes, eso no está sucediendo.

No enfrentamos solos el desafío de la vacunación. En países europeos o en Estados Unidos hacen falta muchos todavía por recibir su pinchazo y los discursos moralistas y las falsas teorías de la conspiración promovidas por los antivacunas han surtido efecto en una parte importante de la población que cree ciegamente en esos mitos y no ha acudido a inyectarse.

Sin embargo, los gobiernos no pueden quedarse de brazos cruzados y el nuestro tampoco debería hacerlo pues siempre antes de que salga el sol, la noche se pone más oscura y estamos transitando por esta última etapa que es definitiva para nuestro futuro y que no podemos poner simplemente en manos del “libre albedrío”.

En Francia se comenzó a promover la idea de que para ir a ciertos sitios como restaurantes y supermercados, había que mostrar el carné de vacunación. En Estados Unidos ocurrió lo mismo y eso hizo que nuevas personas reacias a vacunarse fueran a los centros habilitados a recibir sus dosis. Ahora el presidente Biden ha anunciado que, en empresas de más de 100 trabajadores, será obligatoria la vacuna.

Colombia tiene que empezar a implementar este tipo de medidas o de lo contrario corremos el riesgo de que las nuevas variantes hagan lo suyo, el pico llegue con dureza y otros países comiencen a restringirnos su entrada y se tranque el buen ritmo de reactivación que llevamos. Eso y, por supuesto, que el certificado de vacunación sea digital y más difícil de “chiviar”.

Ojalá los jueces que defienden tanto el libre desarrollo de la personalidad, sean conscientes de que esta vez se trata de algo más grande que todo: la salud del pueblo colombiano y el futuro del país en general. ¡A vacunarse y a lograr que otros que hoy no quieren, lo hagan pronto!

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