lunes 06 de julio de 2020 - 12:00 AM

¿Los niños primero?

No era necesaria una reforma que creara la cadena perpetua para ajusticiar a los violadores y asesinos de niños. Bastaba con aplicar rigurosamente las normas que ya existían
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Lo dice la Constitución en su artículo 44: “Los derechos de los niños prevalecen sobre los derechos de los demás”. Lo manda el sentido común por tratarse de seres particularmente indefensos y lo obligan todas las leyes morales y religiosas del mundo. Sin embargo, seguimos una y otra vez vulnerando y maltratando a los menores en Colombia.

Por supuesto que la cosa comienza en casa y se extiende a los colegios en donde estamos fallando en la educación para la protección. Pero si hablamos de lo que tiene que hacer el Estado en su conjunto, la justicia, me parece a mí, es la que acumula una deuda mayor con ellos; con los niños y las niñas de nuestro país.

Que el caso de abuso de una niña perteneciente a la comunidad indígena Nukak y ocurrido en septiembre del año pasado, no tuviera desenlaces judiciales casi diez meses después, es una completa aberración. Que los presuntos victimarios no estén en la cárcel preventivamente por ser un peligro para la sociedad, refleja niveles de tolerancia en instituciones como las Fuerzas Militares que no pueden ser por el bien de una inmensa mayoría de miembros del Ejército que dan literalmente la vida por todos.

Tuvo que ir la Vicefiscal General al Guaviare para anunciar que éste y otros 12 casos que dormían el sueño de los justos, se reactivarían y tendrían prioridad. Un pacto de silencio miedoso se teje en ciertas regiones de Colombia donde hacen presencia los indígenas. Pasó en Risaralda, ocurrió en Nariño también y si no somos capaces de investigar y juzgar rápidamente cuando se supone que todo lo que tenga que ver con los niños es prioritario, habremos fracasado estrepitosamente como sociedad.

Y no. No era necesaria una reforma constitucional que creara la cadena perpetua para ajusticiar a los violadores y asesinos de niños. Bastaba con aplicar rigurosamente las normas que ya existían para castigar legítimamente a quienes incurren en estos crímenes. Pero la justicia ha fallado sistemáticamente y tratándose de agresiones contra menores y contra las mujeres, ha sido campeona en impunidad. Aún cuando se producen condenas, todas ellas llevan atenuantes increíbles como si nuestro diseño institucional estuviera hecho para proteger a los victimarios por encima de los niños víctimas. Por eso, ese cuento de que la infancia es lo primero, es lamentablemente letra muerta en Colombia y hasta que los máximos jerarcas de la justicia no se tomen esto en serio, seguiremos debiéndole mucho al futuro de este país.

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