lunes 28 de junio de 2021 - 12:00 AM

Matar al Presidente

Nada justifica que se ponga en riesgo la vida de un dirigente político, máxime cuando se trata del Presidente de la República que ha llegado a esa posición como expresión de la democracia en las urnas
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De atentados presidenciales ha estado llena nuestra historia. Sin embargo, lo que casi siempre ocurría cuando situaciones como la del viernes de la semana pasada acontecían, es que tirios y troyanos, simpatizantes y opositores, salían a rechazar en automático los hechos.

La tradición, por lo visto, se ha perdido y, de senadores para abajo, en las redes sociales y en las conversaciones de muchos ciudadanos o se ponía en duda la veracidad del atentado en Norte de Santander sin tener una sola prueba para sostener semejante afirmación o sencillamente se respondía diciendo: “Duque se lo buscó”, “se lo merecía” o “ahora que no venga a hacerse la víctima”.

Nada justifica que se ponga en riesgo la vida de un dirigente político, máxime cuando se trata del Presidente de la República que ha llegado a esa posición como expresión de la democracia en las urnas y que representa la institucionalidad en un Estado de Derecho. Justificar que le disparen al primer mandatario, dudar siquiera un segundo en rechazar estos hechos y no desautorizar con contundencia a un compañero de movimiento político que siembra dudas frente a esta situación, refleja el talante de algunos y anticipa la clase de gobierno que harían si llegaran al poder.

Matar al presidente o matar al líder de la oposición, o atentar contra la vida de cualquiera, nunca podrá ser justificado y quienes lo hacen abiertamente y no se arrepienten de lo dicho deberían responder ante las audiencias más sensatas que tienen en sus manos el poder del voto para rechazar a quienes no le convienen al país o a quienes, con expresiones de extremismo, siguen sembrando odio desde todas las esquinas. Peor castigo que la judicialización de estas expresiones, es el repudio en las urnas frente a quienes insisten en que ese es el camino que debería transitar Colombia.

Matar al presidente es como matar la democracia, según dijo acertadamente Claudia López. Dudar de eso es desnudarse y mostrarse como un autoritario que sólo cree en sí mismo y que está dispuesto a aniquilar al otro que piensa distinto; es defender la violencia contra unos y la peligrosa supremacía de otros. No reprocharlo es consentirlo o cohonestarlo y me temo que los copartidarios del senador Gustavo Bolívar, que todos conocemos, lo están alcahueteando. A Bolívar se le van las luces con frecuencia, pero esto ya no es un simple desliz.

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