lunes 22 de junio de 2009 - 10:00 AM

Misión Santander

Los santandereanos tendremos que ir acostumbrándonos a oír el nombre de Manolo Azuero con mucha frecuencia. Fue él quien nos puso a marchar aquel histórico 4 de Febrero y es él ahora quien nos ha propuesto a varios columnistas de este diario que nos sumemos a una legítima preocupación que le asiste sobre el presente y futuro de nuestra ciudad y región.

Manolo inició esta interesante cadena que luego continuó Samuel Chalela y que ahora me propongo alimentar con la esperanza de que otros comentaristas de Vanguardia le sigan la cuerda a este extraordinario y joven líder.

Debo recordarles, como en su momento le dije a mi amigo Azuero, que hace ya unos años escribí un par de columnas en las que llamaba la atención sobre la difícil situación de seguridad de Bucaramanga, el peligro social que emergía en algunos barrios del norte de la ciudad y la falta de iniciativa a la hora de hablar del turismo. Ello, sumado a una peligrosa presencia en la política regional de partidos cuyos dirigentes terminaron la mayoría encarcelados, hacía que el cuadro no pudiera ser peor.

Destacaba entonces las inmensas potencialidades de nuestro Departamento y valoraba iniciativas tan importantes como las que impulsaba Martha de De’Hart en materia de competitividad y algunos proyectos en los que somos pioneros como el del internet inalámbrico en todas partes, que también se lo debemos a nuestra queridísima ex Ministra de Comunicaciones.

Pero las cosas que hay que mejorar o cambiar siguen siendo muchas. Por eso el llamado a integrar un frente común es ahora más urgente que nunca. Lo que está pasando en la UIS, por ejemplo, supera las capacidades de cualquier Consejo Académico y debería convocarnos a todos en el diseño de soluciones posibles y responsables. La seguridad urbana se está saliendo de madre. Allí la policía sigue sin darnos la tranquilidad que tanto ansiamos. En la política ha llegado el ocaso de ciertos dirigentes corruptos pero su fin debería significar una necesaria renovación que todavía no parece clara, y a ello dedicaré mi próxima columna.

Nadie le pide cuentas a nuestros parlamentarios y aunque ya existen algunos esfuerzos de accountability con los concejales, los políticos siguen sin darle la cara a la comunidad y el electorado se mantiene pasivo.

Aunque quiero creer que tenemos un buen Alcalde y un buen Gobernador, sus esfuerzos continúan siendo insuficientes para atajar la pobreza y promover el emprendimiento, asentado en una industria que todavía nos sigue quedando grande como es la del turismo bien hecho.

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