lunes 16 de enero de 2023 - 12:00 AM

José Manuel Acevedo

No quieren la paz

El ELN no quiere la paz, esa es la pura verdad, y el Gobierno no debería estancarse en una causa perdida. Si hay otros grupos que se le midan al proyecto del Ejecutivo y cumplan su palabra... ahí debería enfocarse el comisionado de paz.

Cuando a finales del año pasado pude preguntarle al presidente Gustavo Petro, en una extensa entrevista en el canal RCN, sobre las razones para volver a sentarse con el ELN y la expectativa que tenía frente a esa negociación, el mandatario dijo que no había manera de garantizar que esta vez, el nuevo intento, saliera bien. Afirmó que estaba lleno de dudas y que creía que el mismo ELN también tenía dudas sobre el éxito del proceso de paz que se anunciaba otra vez.

La respuesta anticipaba lo que pasaría un par de semanas más tarde: un cese bilateral que nunca fue de dos, una guerrilla en la que es muy difícil confiar y que le dio tempranamente la espalda al presidente que se la volvía a jugar por ellos. Unos dirigentes y negociadores tercos y soberbios y, en fin, un ELN que, para ser francos, no quiere la paz. Y no la quiere porque no es rentable para ellos, porque los recursos que les deja el narcotráfico no pueden ser suplidos por el Estado, porque no tienen capacidad de mando unificado y difícilmente pueden garantizar un cese bilateral con comandos regionales tan federalizados.

Difícil creer que ahora sí quieran la paz con los gestos que han tenido nada más en los momentos preliminares; con su odio y resentimiento acumulado; con una capacidad de daño que no ha mermado.

No quieren la paz, esa es la pura verdad, y el Gobierno no debería estancarse en una causa perdida. Si hay otros grupos que se le midan al proyecto del Ejecutivo y cumplan su palabra, como parece haber ocurrido en Buenaventura, por ejemplo, ahí debería enfocarse el comisionado de paz. Con el ELN es gastar pólvora en gallinazos. Lo han demostrado una y otra vez y esta testarudez no ayuda para nada a despejar el nuevo camino.

Ojalá que el decreto firmado por el ministro de Defensa en el que se ordena retomar las operaciones militares contra esa guerrilla se haga efectivo y se den golpes contundentes que le permitan entender al ELN que el Estado sí cuenta con capacidades para confrontarles y que nuestro Ejército puede (¡y debe!) defender a la sociedad civil de esas amenazas.

Finalmente, frente a los demás grupos disidentes con los que sí se pactó el cese bilateral, hay que tener los ojos bien abiertos. Si ya una vez no quisieron la paz, hay que ver por qué ahora sí se le medirían a un proceso de sometimiento y en qué condiciones. Y verificar, verificar en serio, que se cumpla el cese de hostilidades en estos meses. No dudo que con ellos se pueda intentar buscar un acercamiento, pero el Gobierno no debe proceder con ingenuidades y con ofertas que jurídicamente no se puedan cumplir.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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