lunes 02 de marzo de 2009 - 10:00 AM

Réquiem por Tumaco

No lo conozco ni soy de allá pero todos los colombianos deberíamos saber que no existe en los últimos años un caso más deprimente de pobreza y desgracias naturales reunidas todas en 3,760 km2, lo que representa más del 12% de la extensión geográfica del Departamento de Nariño.

La que algunos llaman la ‘Perla del Pacífico’ es en realidad una olla donde se mezclan, para maldición de sus habitantes, el narcotráfico, la violencia inmisericorde, el desplazamiento forzado, la enfermedad de pudrición del cogollo en los extensos cultivos de Palma y ahora, para rematar, el feroz desbordamiento del río Mira.

Con el agua hasta el cuello, quienes visitan Tumaco dicen que huele a berrinche. Las condiciones sanitarias de este pueblo son sencillamente deplorables y ahora, que hasta el río está devorándose a sus habitantes, 900 ancianos y 12,000 niños sufren las inclemencias del invierno. Ya son más de 31,000 en total las víctimas de una naturaleza que nadie controla pero a la que los habitantes de Tumaco pudieran resistir si por lo menos tuvieran empleo y si el Estado se acordara un poco más de ellos.

De las 35.000 hectáreas sembradas con palma de aceite, el 100% está afectado en diferentes grados con la pudrición del cogollo, lo que ha generado la pérdida de 20.000 empleos entre directos e indirectos, afectando más de 7,000 familias condenadas a la miseria. Según Fedepalma, las pérdidas de ingreso en la Zona Occidental por efecto de la caída de la producción debido a esta enfermedad, se estiman en $222.000 millones. Los grandes y medianos palmicultores están encontrando inviable el negocio mientras los pobladores de Tumaco se han resignado a encontrar inviable su vida misma.

Más de 2.000 familias desplazadas ocupan nueve barrios en los que el hambre impera. Quienes logran comer algo, sin embargo, lo hacen porque ante la falta de opciones legales de trabajo tuvieron que recurrir al negocio de la droga. Algunos viven para contar el cuento; otros han muerto a tiros en un pedazo de tierra del que Dios se olvidó hace tiempo.

Ante una situación tan delicada, lo menos que podemos hacer los colombianos es solidarizarnos con los tumaqueños, exigirle a las autoridades nacionales atención prioritaria y a aquellas regionales que no se roben más la plata. Tumaco también es Colombia.

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