lunes 14 de agosto de 2023 - 12:00 AM

José Manuel Acevedo

Sin contraparte

No obstante, el del presidente Gustavo Petro no solo parece querer persistir tercamente sino que, con mucha frecuencia, confunde su papel de contraparte y parece estar sentado del mismo lado de la mesa que el ELN.

Sobra decir, para empezar esta columna, que yo al ELN no le creo. El problema con esa guerrilla es que cada vez que dice una cosa, hace otra, y así se la ha pasado en las últimas décadas en medio de la más cínica impunidad por parte de sus líderes que, cómodamente, desde Cuba han ordenado desde atentados en guarniciones militares y de policía, pasando por voladuras sistemáticas de oleoductos hasta ataques indiscriminados a la población civil. Y, con todo, los muy descarados siguen hablando de paz.

Los presidentes les han tendido la mano; la sociedad civil les ha copiado en otros momentos sus iniciativas de participación y, sin embargo, ninguna de las “últimas oportunidades” que han tenido les ha servido para recapacitar y comprometerse verdaderamente con la paz.

En cualquier caso y ante el agotamiento de las múltiples mesas de negociación, siempre han existido gobiernos dispuestos a frenar la mamadera de gallo y levantarse de aquellas mesas. No obstante, el del presidente Gustavo Petro no solo parece querer persistir tercamente sino que, con mucha frecuencia, confunde su papel de contraparte y parece estar sentado del mismo lado de la mesa que el ELN.

Así, cuando el jefe de la negociación, Otty Patiño puso en duda que el ELN hubiera reclutado menores a lo largo de su historia o ahora cuando el comisionado de paz cierra el episodio del posible atentado contra el fiscal, el general Zapateiro y María Fernanda Canal, simplemente diciendo que “al ELN hay que creerle”.

En esta negociación, lamentablemente, pareciera que no existe contraparte. Nos queda la impresión que el gobierno está dispuesto a voltear la mirada ante cada denuncia de violación del cese al fuego para proteger a sus amigos. Nos dejan constantemente la sensación de desprotección frente a un grupo criminal al que todo le perdonan y todo le justifican. Nos obligan a cambiar el lenguaje frente a quienes han cometido tantos crimines, quizá para llamarlos “gestores de paz” y no secuestradores o extorsionistas, a pesar de que siguen cometiendo estos delitos.

Lo hizo el Canciller también cuando dijo que lo del atentado era “simplemente un bombazo contra el proceso con los elenos “, y lo reiteran cuando en vez de apoyar al comandante de las Fuerzas Militares en sus denuncias sobre quebrantamiento del cese, lo regañan por atreverse a mencionarlo.

¿Hay contraparte en la mesa de negociación o es, sencillamente, una conversación entre socios? ¡Esa es la cuestión!

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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