lunes 23 de septiembre de 2019 - 12:00 AM

Todo mal

Lo que va a pasar ese último domingo de octubre no nos augura cosas buenas
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Permítanme un espacio para el desahogo; para el triste pesimismo que se soporta en los hechos y no apenas en las presunciones. El día en que decidimos que a los probados y condenados delincuentes había que recibirlos de vuelta a la libertad en hombros, lo mismo que el día en que algunos candidatos sin el menor pudor resolvieron ubicar en las primeras filas de sus actos políticos a exgobernadores también condenados por sus vínculos mafiosos, nos jodimos como sociedad.

Que recibir apoyos de personajes tan cuestionados sume votos en vez de restarlos, se convierte en trágica radiografía de un electorado descompuesto que invirtió sus valores y que no tiene derecho a quejarse porque es directamente culpable de cada una de sus tragedias. La responsabilidad de que esto ocurra no es pues de los políticos de marras que la hacen y la repiten sin la más mínima vergüenza sino del pueblo que los deja avanzar en sus pretensiones sin el menor rechazo social.

Esta incierta contienda en el departamento de Santander y, en particular, en la ciudad de Bucaramanga, es la muestra de cómo la democracia puede marchitarse y condenarnos lamentablemente a espectáculos como el que iremos a ver el próximo domingo 27 de octubre. Y puede que en el largo plazo los politiqueros no se salgan del todo, con la suya. Y puede que nuestras “ías” actúen cuando llevemos 1/4 o la mitad del periodo y no los dejen terminar porque les echen mano. Lo triste será que habremos perdido tiempo y recursos en elecciones en las que pudimos tomar las riendas de nuestro destino y elegir gente decente pero preferimos seguir en las mismas.

Lamentablemente no albergo esperanzas en esta oportunidad. Los santandereanos, que tenemos un gran departamento pese a nuestros dirigentes y no gracias a ellos, la volveremos a embarrar.

Las sorpresas y los milagros existen pero se necesitaría uno muy grande para que los hampones que pretenden gobernar la capital de nuestro departamento no ganen y aunque en estas semanas y con los últimos acontecimientos acaecidos en la ciudad, las cosas pudieran cambiar, he perdido la fe.

Lo que va a pasar ese último domingo de octubre no nos augura cosas buenas. En el panorama nacional, habrá alcaldes que se contarán por cientos impuestos por mafias locales que viven de las rentas ilegales y, en igual número de municipios y departamentos ganarán con marrullas los que, con votos cómplices de ciudadanos que no aprenden, seguirán enquistados en el poder en este horrible círculo vicioso que es la política regional.

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