lunes 06 de diciembre de 2021 - 12:00 AM

Todo vale

El mundo no comienza ni se acaba con Petro. Tampoco con Uribe. Hay universo más allá y las opciones que se están presentando resultan renovadoras y valdría la pena pararles bolas... El 2022 es un desafío enorme para nuestra sociedad.
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El oportunismo en política no tiene límites y prueba de ello son los anuncios de esta semana de una posible unión entre Luis Pérez y Gustavo Petro.

El primero dice no haber sido nunca uribista; solo buen amigo del expresidente, pero nada más. El segundo asegura que la política que pregona se trata de juntar extremos y por eso justifica una eventual unión. Pero hay cosas que por más que se intenten explicar lucen como el agua y el aceite y solo pueden entenderse por las ganas de ganar a cualquier precio.

Petro, que se ha caracterizado por denunciar los vínculos entre políticos y paramilitares, pasa por encima el hecho de que a Pérez se le ha señalado históricamente de apoyar ese tipo de estructuras. Petro, que dice combatir el clientelismo y la política tradicional, ahora se hace el loco frente a un Pérez que también ha sido caracterizado como un político con viejas prácticas como las que el Pacto Histórico dice aborrecer. No es la primera vez que Petro da estas volteretas, pero últimamente han sido tan reiteradas que es difícil pensar que su “política del amor” dé para tanto.

Por ejemplo, ver a Armando Benedetti y a Roy Barreras de ese lado, sin que nadie se sonroje, sin que a nadie le importe que venían de estructuras políticas tradicionales y que, en particular, el senador Benedetti esté siendo investigado por la Corte, deja mucho qué desear sobre la coherencia de ese grupo político. Lo de Luis Pérez, sin embargo, ya es la tapa y así lo terminaron registrando aliados naturales del candidato de izquierda como Margarita Rosa de Francisco o el senador Iván Cepeda, que se mostraron sorprendidos con el anuncio y la defensa férrea de esa oportunista unión.

Además de ser una señal desconcertante para quienes acompañan a Petro, esto también se convierte en una muestra del desespero en el que puede encontrarse el candidato de izquierda que necesita con urgencia romper su techo del 20 o 25 por ciento. El hecho de que se produzca tan temprano también permite anticipar que la comodidad en la que venía hasta ahora Petro puede no durarle mucho y que con dos coaliciones fuertes como las que se han armado, su paso a segunda vuelta que parecía asegurado está tambaleando.

En política todo vale, dicen por ahí, y que los candidatos que aseguran representar el cambio usen este tipo de artimañas y empeñen sus principios fundamentales con tal de ganar, debería hacer reflexionar a los seguidores de ese movimiento. El mundo no comienza ni se acaba con Petro. Tampoco con Uribe. Hay universo más allá y las opciones que se están presentando en varios casos resultan renovadoras y valdría la pena pararles bolas. El cambio no es de quien use más esa palabra, sino de quien con hechos lo demuestre. El 2022 es un desafío enorme para nuestra sociedad. No podemos ser inferiores.

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