lunes 24 de agosto de 2009 - 10:00 AM

Una triste encrucijada

Al Presidente Uribe lo admiramos. Le agradecemos cuanto ha hecho por Colombia y reconocemos en sus gobiernos – sobre todo en el primero – aciertos invaluables en materia de seguridad democrática, confianza a la inversión y verdaderas hazañas emprendidas desde instituciones como Acción Social, el Sena o el Icetex, en el marco de eso que aquí llaman ‘lo social’.

Sin embargo, hay cosas que aún los más uribistas no podemos callar. Los jóvenes que acompañamos el proyecto del Presidente, somos ante todo demócratas. Creemos en la continuidad de las buenas políticas pero lo que Álvaro Uribe nos está pidiendo es imposible de aceptar.

Su falsa encrucijada del alma ha creado entre las nuevas generaciones una encrucijada auténtica que terminará resolviéndose en detrimento de nuestra nación. Lo que Uribe le está solicitando a las clases políticas emergentes, a la juventud que quiere entrar al sector público y a los candidatos a la Presidencia más jóvenes que él, es que ‘aplacen el gustico’ y se hagan a un lado por unos años más.

En balde ha sido su preocupación porque los hijos de sus hijos lo vean como un hombre engolosinado con el poder. Hoy ya nos está pareciendo imposible diferenciar a Uribe de Chávez o Correa. Su nombre supera toda discusión, copa todos los espacios políticos y como dije renglones atrás, les está creando una triste encrucijada a los jóvenes que o se montan a la barca de la reelección, si es que desean entrar al sector público en los próximos años, o posponen quién sabe hasta cuándo esa legítima aspiración.

Porque lo que la mayoría de gente desconoce es que con una nueva reelección de Uribe no sólo se está sacrificando una generación entera de candidatos a sucederlo, sino también a una nueva cosecha de abogados, economistas y administradores públicos que ante la falta de renovación y alternancia en el gobierno no tendrán chance de recomponer el Estado sino muchos años después, cuando enganchados por el sector privado y desencantados con la política colombiana, no quieran ya servirle a una Nación que tan mal les ha pagado.

El relevo generacional en Colombia es tan sólo una ilusión. La verdadera encrucijada no está pues en el alma del Presidente sino en las mentes de los jóvenes que, aturdidos y descorazonados, no entendemos a qué hora el hombre que derrotó a los violentos y que tanto admirábamos, se está convirtiendo también en el enemigo número uno de la renovación y el cambio. Que la juventud se cure con los años y que los políticos se perpetúen en el poder parece la triste consigna en los días que corren.

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