domingo 09 de diciembre de 2018 - 12:01 AM

Nono sin nona

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jose@joseordonez.net

La vida tiene esas maravillosas contrariedades que nos hacen recordar que vamos por este planeta azul de paso. Me disfruté a mis nietos que los trajeron de vacaciones por ocho días. Lleve orondo mi título de nono mientras dejaba que ese par de traviesos chiquillos invadieran mi vida sin reprimir lugar o momento que quisieran invadir.

Hasta subí un divertidísimo video a mi Instagram “Mundo José Ordóñez” en donde mi nieta “me peina” aterrada.

Al venir a Colombia en gira de presentaciones, mi nona Ana se me fue al cielo sin dar tiempo ni manera a la despedida.

La vi por última vez en su “vestido de madera” como ella solía llamarle al ataúd. Se lo pusimos para llevarla a ese lugar “desde donde se ven crecer los gladiolos desde la raíz” como también solía llamar al cementerio.

Si, así era mi abuela. Para cada situación un dicho, para cada conversación su jerga, cada cosa con su apelativo, cada rima con su verso. ¿Acaso no es lo que hacen todas las nonas? Dicharacheras, trovadoras, metristas de la rima, encajadoras de ideas.

Pedacitos de cielo, muestras gratis de la ternura celestial, jocosas cuchitas que suelen despedirse cada final de año proclamando será su última navidad. Se inventan un nuevo padecimiento para cada remedio pero nos aterran con su vitalidad.

La nona mía se nos fue al cielo la semana pasada y me dejó un inventario de frases y chistes que lógicamente ya hacen parte de mi repertorio.

En este fin de año brindo por mi nona y por todas esas que quitaron sus novelas en la tele para que viéramos nuestros “matachitos”, por las que durmieron incómodas arrumadas para que el nieto tuviera suficiente espacio, por esas que nunca entendieron la frase: “¡En serio nona, no tengo hambre!”, por las que tuvieron un pretendiente millonario con el que no se casaron para darle el sí al abuelo, por las que dejaron como principal herencia un cajón de corotos viejos con una historia propia que repetían una y otra vez.

Se nos fue la nona y ahora el nono soy yo. ¡Así es la vida!

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