martes 03 de noviembre de 2020 - 2:26 PM

El consejo de Don Valentín...

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Valentín Suárez fue un Presidente que tuvo Banfield de Argentina. Hizo un círculo de amistad con los directivos de la época que tenía el futbol colombiano entre ellos Alfonso Senior. Cierta vez confesaba aquel dirigente porteño que el primero contrataba a los jugadores y después al entrenador que habría de dirigir el plantel del equipo Taladro como le llaman a Banfield, equipo en el que militó y fue campeón James Rodríguez en la década anterior.

Cierto directivo colombiano le preguntó la razón, a lo que Suárez respondió con firmeza: “porque después me toca botar al entrenador y quedarme con los jugadores que el trajo”. Fantástica reflexión. Hoy cuando una vez más se incendia la temporada en el equipo Atlético Bucaramanga llegan como anillo al dedo las palabras de aquel dirigente del Río de la Plata.

En enero de este 2020, cuando el DT del Atlético Bucaramanga era José Manuel Rodríguez la escuadra Leoparda buscaba a través de su presidente Oscar Upegui la contratación del atacante Humberto Osorio Botello, probado goleador en todos los equipos por donde pasó. Sin embargo el adiestrador perfilado para la temporada negó una y otra vez la sugerencia amable del presidente Upegui porque estaba “convencido” que lo mejor para el equipo sería traer al delantero venezolano Rubén Rojas y al colombiano Kevin Aladesanmi, quienes finalmente llegaron en lugar de Osorio Botello.

El DT fue echado por malos resultados a la sexta fecha y en su reemplazo llegó Guillermo Sanguinetti. Los citados Rubén Rojas y Kevin Aladesamni luego de 19 partidos oficiales contabilizan un solo gol (Aladesamni de penal ante Alianza Petrolera por Copa hace 2 semanas). El equipo se privó de tener a un atacante más consistente por la terquedad de un entrenador que a la sexta jornada fue apartado de su cargo.

¿Qué pasó? Que la institución se tuvo que quedar con los discretos jugadores que se dejaron imponer del DT anterior y las tintas hoy recaen en el entrenador que asumió luego del incendió de las primeras fechas cuando un par de goleadas sufridas marcaron el despido de quien armó a su criterio y voluntad un equipo llenó de jugadores de baja respuesta individual y lejos de tener la categoría suficiente para vestir la camiseta del Bucaramanga.

La culpa no es del chancho, sino de quien lo alimenta. No culpen a Sanguinetti. Ejemplos como el de la elección de los atacantes mencionados abundan en esta discreta plantilla que fue recetada por un DT que se marchó en el amanecer de la temporada y dejó el problema a otros.

¡Cuánta razón tenía Don Valentín Suárez !

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