sábado 05 de noviembre de 2022 - 12:00 AM

La magia que solo viene cada cuatro años

Dicen que es el lugar donde los hombres se convierten en leyenda. Del anonimato a la gloria eterna. Pelé tenía tan solo 17 años cuando fue Campeón del mundo con el scratch en 1958. Llegó como niño, salió de Estocolmo como campeón aun siendo niño. En aquellos días Brasil jugaba el mejor fútbol posible en un campo de juego. Su esencia pasaba por respetar lo más viejo del fútbol: La pelota.

Cuatro años después junto a Pelé estaba un ángel de piernas torcidas llamado Garrincha, y a pesar que O Rey fue apeado de la copa en fases iniciales porque lo rompían a patadas, los demás no desentonaron y ganaron por segunda ocasión el Mundial. Pasarían ocho años más para llegar a ver lo más grande que este deporte ha dado. Aquella selección de Brasil 1970 tenía a Pelé en estado de perfecta maduración.

A su lado escultores de la estética a puro fútbol y goles. Tostao, un falso nueve de la época. Armaba, llegaba y en ocasiones definía. Gerson, un tiempista que manejaba los hilos del mediocampo. Clodoaldo, ese todo terreno que marcaba, recuperaba, tocaba y hasta anotaba. Jairzihno un animal para definir. Tenía el ADN que chuparon los que vinieron luego (Dirceu, Bebeto, Romario, Ronaldo, Neymar Jr).

Como a Brasil no se le concibe sin un zurdo exquisito (Junior, Branco, Roberto Carlos, Marcelo), aquel equipo tenía a Roberto Rivelino, que con su zurda era Música en los oídos. Eso dicen de los zurdos. Sus goles son distintos. Sus pases son precisos, sean a 5 o 60 metros. Era Rivelino el perfecto impostor que se llevaba la marca de 2 o 3 para filtrar pelotas al espacio vacío a los otros. Por si fuera poco tenía un misil en su pierna izquierda. Brasil a todos les ganó a festín de goles (Checoslovaquia, Inglaterra, Rumania, Perú, Uruguay). Italia en la final fue otro trámite. Fue hasta ahora la final más holgada junto a la 1958, Brasil 5 Suecia 2 y Rusia 2018 Francia 4 Croacia 2. En el Azteca fue 4 a 1 fue ante los “Tanos”. Dicen que Rivera, Fachetti, Giggi Riva y Bonisegna aún buscan la pelota en el césped del coloso de Santa Úrsula.

La Copa del mundo recibió a Pelé con 17 años en Suecia 1958 y lo devolvió convertido en leyenda en 1970. Hoy que muchos hablan de las listas de 23, recuerdo que en 1978 Diego Maradona un chico de 18 años, toda una promesa para el fútbol se quedaba afuera de lista del flaco Menotti. Argentina ganó aquel mundial sin él.

Después de fracasar en el Mundial 82, y haciendo la pretemporada con el Barcelona en Lloret del Mar, en la costa brava española, Maradona fue visitado por Bilardo. Ahí el DT le habló de sus planes para el camino a México 86. Bajo su mágico influjo Argentina habría de ganar la Copa del Mundo con un Maradona en estado de gracia. Sus goles a Italia, Bélgica e Inglaterra, uno de ellos inmortalizado como el mejor de todos los mundiales. Sus regates y definiciones. Su pase gol a Burruchaga para ganar la final ante Alemania lo hicieron leyenda.

Es cierto. Al Mundial llegan como hombres y algunos salen convertidos en leyenda. Hace 4 años Kylian Mbappé supo de ello con apenas 18 años. Hoy a sus 22 lidera al campeón del Mundo, Francia, en su intención de repetir título, algo que solo han conseguido Italia en 1934 y 1938 y Brasil en 1958 y 1962.

Ya casi empieza el Mundial. La espera de los días previos es tan mágica que como diría Valdano: “Hasta dan ganas que no empiece”.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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