jueves 17 de diciembre de 2020 - 6:11 PM

Que vuelvan los abuelos...

¿En qué momento dejamos de merecer más? ¿Cuál fue ese instante en el que debimos empezar a conformarnos con menos? En tiempos en que Millonarios tenía a Di Stefano, nosotros teníamos a Di Marco. En pleno Mundial de Chile 1962 la selección Colombia tenía a Cuca Aceros, aunque en ese año no estuviera en el Bucaramanga era ya un símbolo del Leopardo. Cuando Santa Fe tuvo a Alfonso Cañon, el Bucaramanga tenía ni más ni menos que a Alfredo Arango.

Siempre tuvimos a grandes jugadores. Por más que América tuviera a Ricardo Gareca o Roberto Cabañas, el Atlético tenía a Miguel Oswaldo González. Y así durante el recorrido de la historia del fútbol colombiano por más que los equipos grandes ficharan a los mejores el Bucaramanga nunca era inferior en sus contrataciones aún en medio de sus escasas posibilidades económicas.

Hubo ocasiones en las que incluso, los que llegaban a la ciudad bonita a enamorar a los hinchas de la divisa amarilla, se terminaban yendo a clubes grandes en virtud a sus gestas con la casaca canaria. Olalla, Ramoa, incluso décadas anteriores con el mismo Montanini y el propio Cuca Aceros.

La discusión nunca pasa por ser un equipo pobre. Se trata de tener dirigencia comprometida que no se sienta inferior. Los apellidos de jugadores que acaban de leer confirman la teoría de que siempre están al alcance los de buena condición técnica porque nunca se trató de traer jugadores caros o baratos. Se trata de jugadores buenos o malos. Y los buenos también vinieron en distintas épocas.

Hoy cuando la actual dirigencia del Bucaramanga se conforma con atacantes venezolanos como Rubén Rojas que en 25 partidos no marcaron un solo gol, o con juveniles como Geison Toloza o Ever Valencia que ni rebeldía para pelear una pelota muestran en los minutos en los que actúan, uno evoca los ilustres jugadores que en otrora se enfundaron la camisa del Leopardo y con la pena de un nostálgico empedernido llora por la ausencia de los abuelos.

Aquellos como Rafael Pérez Martínez, Luis Fernando Sanmiguel, Vicente Díaz Romero, Antonio Vicente Amaya, Alfonso Mantilla Arenas, Manuel José Puyana, José Luis Mendoza, el mismo Reynaldo Rueda Castañeda. Los mismos que se atrevieron a traer a Peluffo, Janiot, Montanini, Di Marco, Di Placido, Miguel Oswaldo González, Juan Carlos Díaz, Olalla, Ramoa. ¿Acaso eran jugadores baratos? ¿Acaso nuestros dirigentes eran millonarios?

Ni una cosa, ni la otra. Eran jugadores buenos, con valores altos de mercado, pero que venían porque eran pescados por unos directivos comprometidos, que mostraron siempre la cara y las ganas. El hincha en cambio, siempre fiel y amoroso hoy recibe de la actual dirigencia puras migajas. De vez en cuando llegan los Bava, Guevgeozian, Rangel, Sherman, Rovira. Pero eso sucede cada vez con menos frecuencia. Y un emblema como el actual 10 John Pérez (Estupendo jugador) es mirado de reojo a la hora de renovarle vínculo porque dizque su ciclo se termina (con apenas 32 años). Como si la categoría y el sentido de pertenencia caducaran.

La ciudad y el Club Atlético Bucaramanga merecen jugadores de la estatura de quienes construyeron su linda historia y dirigentes como los viejos abuelos, que jamás hubiesen permitido que la casaca amarilla fuera vestida por los discretos jugadores que rellenan la nómina del plantel actual de nuestro equipo del alma.

Que vengan buenos jugadores, o que regresen los abuelos de la eternidad para poner orden en la casa.

Es así.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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