lunes 06 de enero de 2020 - 12:00 AM

Bogotá: un ejemplo para el país

es pertinente resaltar el hecho político ocurrido en la capital del país.
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El nuevo año significa no solo el comienzo de una nueva década, sino el inicio de nuevos gobiernos regionales hasta el 31 de diciembre del 2023. Los mandatarios locales que se posesionaron, sin importar su tendencia política, tienen la responsabilidad de gobernar para todos los ciudadanos y no solo para quienes votaron por ellos. Los nuevos gobernantes deben asumir el compromiso de cumplir los acuerdos de paz en sus territorios y en primera instancia garantizar la vida de los líderes sociales. Los recién posesionados mandatarios deben erradicar la corrupción de la administración pública y restaurar así la confianza de una ciudadanía decepcionada e incrédula. De eso depende que al finalizar su mandato salgan con la frente en alto y sus promesas cumplidas.

Ahora bien, es pertinente resaltar el hecho político ocurrido en la capital del país. En su discurso de posesión, la alcaldesa Claudia López en un acto de gallardía exhortó al concejo de la ciudad para elegir a Carlos Fernando Galán como presidente de esa corporación. Esto es importante porque la regla general es que el partido de gobierno sea el que inicie en este cargo, ya que en el primer año se discuten temas trascendentales para la alcaldía, como el plan de desarrollo, el plan de ordenamiento territorial y la elección de contralor.

Sin embargo, a pesar de las diferencias, en aras de construir confianza en conjunto y dejando a un lado la polarización, el nombramiento de Galán significa transparencia para todos los partidos políticos y para la ciudadanía, lo que constituye sin duda una victoria para Bogotá. Algunos interpretaron el gesto de la Alcaldesa como una intromisión indebida en asuntos propios del concejo. En realidad se trata de una señal de respeto por la independencia del cabildo distrital, al proponer que sea presidido por su principal rival en la contienda por la alcaldía.

Carlos Fernando Galán asume la gran responsabilidad de demostrarle a la ciudad que es posible una nueva forma de hacer política, lejos de las componendas entre camarillas politiqueras. En su período como presidente deberá garantizar a todas las bancadas sus derechos. En cuanto a los debates de control político -la labor más importante de los concejos- tendrá que darle todas las garantías a los concejales y a la administración y no acudir al filibusterismo para favorecer intereses mezquinos... Ojalá el resto del país vea en Bogotá un ejemplo digno de emular.

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