domingo 09 de febrero de 2020 - 12:00 AM

No más culto al crimen

Esta es una oportunidad para rodear, reconocer y redignificar a las víctimas. Espero que alias Popeye haya sentido arrepentimiento antes de morir y que Dios tenga misericordia de su alma...
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Esta semana, uno de los asesinos más viles y crueles que haya existido en la historia de nuestro país murió por un cáncer de esófago, enfermedad que lo aquejaba desde hace ya varios meses. Me refiero a John Jairo Velásquez Vásquez, alias ‘Popeye’. Este individuo, también conocido como uno de los sicarios más cercanos a Pablo Escobar, fue responsable de atrocidades como el homicidio de más de 500 policías, el asesinato de Rodrigo Lara, la bomba del avión de Avianca y el crimen de mi padre Luis Carlos Galán, junto a cientos de ciudadanos que cayeron víctimas de atentados con explosivos.

Sin embargo y a pesar del gran daño que le hizo al país y a mi familia, no me alegra su fallecimiento ni el de ningún ser humano, pero sí me deja una sensación de frustración. Si bien este señor colaboró con la justicia en la investigación por el magnicidio de Luis Carlos Galán y contribuyó al avance del proceso, no pasará lo mismo con miles de familias que destruyó y que se quedaron esperando verdad, justicia y reparación.

Su muerte no solo deja en un limbo la verdad sobre las circunstancias, razones y motivos por los cuales un ser querido fue asesinado, secuestrado o desaparecido por el cartel de Medellín. Una verdad histórica y judicial, que es necesario recuperar, reconstruir para las víctimas y para las nuevas generaciones. Porque aquí no se trata simplemente de reconstruir la historia de cualquier proyecto criminal. El narcotráfico en Colombia ha sido un proyecto político que no solo ha surgido por acción de los propios narcotraficantes, sino gracias a las alianzas con la élite política, empresarial, judicial, paramilitar y con miembros de los organismos de seguridad del Estado.

Esta es una oportunidad para rodear, reconocer y redignificar a las víctimas. Espero que alias Popeye haya sentido arrepentimiento antes de morir y que Dios tenga misericordia de su alma, pero me pregunto: ¿Si hubiese muerto una víctima de este sicario, sería noticia? ¿El país estaría rememorando y reconociendo su sufrimiento? ¿Cuál va a ser la respuesta del Estado para que no haya impunidad en los miles de crímenes que cometió? ¿Qué acompañamiento le brindará el Gobierno a las víctimas?

Espero que su muerte sirva para darle reconocimiento a las víctimas y no a los victimarios. Es la oportunidad para resarcirnos como sociedad, dejar de rendir un culto morboso al crimen y exigirle al Gobierno que honre su memoria.

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