martes 12 de mayo de 2009 - 10:00 AM

Prueba de fuego para el sistema mundial de salud

La rebautizada gripa porcina, que ahora se llama AH1N1 ante la parálisis del consumo de carne de cerdo y las enormes perdidas del sector porcicultor, pone a prueba el grado de preparación del sistema de salud mundial para responder a un desafío más de la globalización.

En los últimos días hemos observado escenas que hace tiempo se anticipaban: gente en el mundo entero usando tapabocas, las autoridades de salud en diferentes continentes declarando estados de emergencia, movilización de las organizaciones internacionales y solicitudes de suspender los viajes entre diferentes regiones del mundo. La razón de este despliegue: una nueva combinación de los virus de la influenza humana, porcina y aviaria, que ya ha cobrado víctimas mortales alrededor del mundo y amenaza con profundizar aun más la depresión económica internacional.

Hasta el momento, la responsabilidad de evitar la propagación domestica de esta enfermedad recae principalmente en cada Estado, que debe declarar emergencias que permiten apropiar rápidamente enormes recursos del erario para activar a plenitud los planes de contingencia que los gobiernos deben tener listos, especialmente los mecanismos de control sanitario, compra y abastecimiento de medicamentos, protocolos de diagnóstico y tratamiento con personal medico idóneo, así como las estrategias de comunicación e información. 

Información y comunicación son dos palabras clave que deben ser protagonistas en las respuestas estatales, a través de estrategias claras y contundentes. Preocupa y confunde a la población oír múltiples voces e interpretaciones con frecuencia contradictorias sobre el desarrollo de la enfermedad, sus efectos y las respuestas que requiere.

El liderazgo en la materia lo debe ejercer el Ministro de Salud de cada nación, asesorado de cerca por el Instituto Nacional de Salud. En el caso Colombiano no tenemos ministerio de salud y el INS se marchitó al punto de haber jugado hasta hoy un papel irrelevante en la crisis.
 
Sin embargo, hay que reconocer una rápida producción de información oficial nacional e internacional especializada, la movilización de la mayoría de los Estados desde que se tuvo noticia de los primeros casos y el monitoreo y apoyo de la OMS. Así mismo, ante esta difícil situación no se ha empleado la confrontación sino que se ha respondido con solidaridad y visión de largo plazo.

Especialmente vemos favorable que, a pesar de algunas voces que permanecen aisladas, no se han comprometido los procesos de integración socio-económica ni el tránsito migratorio (hasta el momento no se han cerrado fronteras sino que se ha prestado un control frente al origen y destino de los viajeros).

Este esquema de cooperación nacional – internacional y de solidaridad debería traducirse en el corto plazo en el manejo de los efectos económicos de la epidemia.

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