viernes 10 de junio de 2022 - 12:00 AM

Biodiverciudades

El pasado miércoles se llevó a cabo ExpoProbarranquilla 2022, la doceava versión de este gran evento que reúne a dirigentes empresariales, políticos, sociales y académicos. La temática de este año se enfocó en los “Factores ESG” (por su sigla en inglés) que traduce “Ambiental, Social y Gobernanza”; tres criterios que las empresas están teniendo en cuenta cada vez más con el propósito de generar un impacto sostenible en sus grupos de interés. En el marco de la conversación sobre el criterio ambiental quiero compartirles algunas reflexiones.

Según el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), la población de mamíferos, aves, peces, anfibios y reptiles en el mundo ha experimentado una alarmante caída promedio de 68% desde 1970. El resultado más impactante ocurre en América Latina y el Caribe, en donde la pérdida promedio de la biodiversidad ha sido del 94%. Esta degradación de la naturaleza es producto de nuestros patrones de producción y consumo, los cuales amenazan el propio bienestar humano. De acuerdo con el Foro Económico Mundial, más del 50% del PIB mundial depende de la naturaleza. Los sectores más impactados son la construcción, la agricultura y la alimentación, que requieren suelos sanos, agua limpia y un clima estable, entre otros.

Ante esta catástrofe mundial, el alcalde de Barranquilla, Jaime Pumarejo, señaló que Colombia es el segundo país más biodiverso del planeta, y por lo tanto se convierte en una gran potencia. De ahí que le apunta a la construcción de una biodiverciudad, es decir, aquella que incorpora la biodiversidad local y regional en su planificación, como eje e instrumento esencial de su desarrollo socioeconómico. Pumarejo presentó diferentes iniciativas como la recuperación de la Ciénaga de Mallorquín, la construcción de huertas urbanas, un programa de reciclaje en colegios, la promoción de visitas a la ciénaga por parte de estudiantes y la siembra de 250.000 árboles con el fin de reducir la sensación térmica seis grados. De esta manera, apunta a hacer de Barranquilla el sueño suramericano en el que las personas logran una alta calidad de vida basada en el correcto aprovechamiento del medio ambiente sumado a la calidad y calidez del talento humano.

Indiscutiblemente, una visión muy poderosa, que debe generar grandes cuestionamientos en el resto del país: ¿Vamos a seguir dándole la espalda a los ríos y las ciénagas? ¿Cuáles son los cambios de comportamiento que requieren las empresas, colegios y hogares? ¿Vamos a dejar de aprovechar la principal riqueza que tenemos para solucionar nuestros problemas?

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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