lunes 10 de octubre de 2022 - 12:00 AM

Complejidades del río Magdalena

Como dice el refrán, “no hay peor ciego que el que no quiere ver”. Todos los últimos gobiernos han puesto como una prioridad recuperar la navegabilidad del río Magdalena en sus planes de desarrollo, pero ninguno de ellos lo ha cumplido.

El pasado martes tuve la oportunidad de recorrer 203 kilómetros de los 1.540 del río Magdalena. El recorrido partió de Barrancabermeja con destino a La Gloria (Cesar), lo que cubre una buena parte de la cuenca media del río. El objetivo principal consistía en identificar de manera conjunta entre las principales navieras fluviales del país, la Federación Nacional de Navieros (Fedenavi) y Cormagdalena, puntos necesarios de amarre para las embarcaciones. Dados los grandes impedimentos de la navegabilidad, los remolcadores y las barcazas deben parar su curso en sitios estratégicos para evitar encallarse, revaluar su carga y poder pasar. Pero no solo eso, deben hacerlo de manera segura puesto que pueden ser objeto de hurtos, poniendo en riesgo a la tripulación y a la carga transportada.

Se identificaron 22 puntos de amarre. Uno por cada 8 kilómetros aproximadamente, lo que no es normal para un río que debe cumplir con estándares mínimos de navegabilidad. De hecho, cuando existen, su función es detenerse para abastecerse de víveres y no para eludir obstáculos. Así fue todo el trayecto, las lanchas debían moverse en zigzag para evitar chocar con palos, islas de arena o matorrales. Los pilotos deben tener gran experticia o contar con sofisticados equipos de batimetría, que permitan identificar con claridad la profundidad del río. De ahí que no es de extrañarse que 78% de la cuenca del río Magdalena presente erosión crítica y una reducción del volumen pesquero del 62,5% en los últimos 40 años, tal como señala el Instituto Humboldt.

Los altos niveles de deforestación, contaminación y sedimentación del río muestran el abandono y el poco interés por proteger y aprovechar adecuadamente la hidrovía más importante del país. Es paradójico que mientras esta cuenca cubre el 77% de la población y produce el 86 % del PIB del país, mueve menos del 2% de la carga. De la misma manera, las comunidades ribereñas viven en precarias condiciones. Como dice el refrán, “no hay peor ciego que el que no quiere ver”. Todos los últimos gobiernos han puesto como una prioridad recuperar la navegabilidad del río en sus planes de desarrollo, pero ninguno de ellos lo ha cumplido. Lo que hay que hacer es simplemente darse la vuelta y darle la cara al río. Ojalá el presidente Petro, quien ha manifestado interés por el Magdalena Medio, haga de este propósito una realidad y les brinde un mejor bienestar a los habitantes de esta región que tanto lo necesitan.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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