viernes 03 de septiembre de 2021 - 12:00 AM

Confianza

Solo a través de la confianza y la cooperación se podrán resolver de manera efectiva los grandes desafíos que afrontamos.
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La desconfianza parece la norma. Cada vez que sale una encuesta sobre la percepción acerca de las instituciones, la conclusión es prácticamente la misma: una alta o creciente desfavorabilidad. Tenemos una sociedad fragmentada y paradójicamente, mientras más información hay, más confusión respecto a qué creer. Si bien el fenómeno es global, localmente lo sentimos con intensidad. Hay desconfianza entre los políticos, entre políticos y empresarios, entre empresarios y académicos, etc. El estudio “Diagnóstico de Crecimiento” realizado por estudiantes de la universidad de Harvard lo señaló con claridad: “las fallas de coordinación, enraizadas en la desconfianza y el individualismo, son una restricción vinculante para el crecimiento económico de Santander”.

Para solucionar esta problemática, Colombia ha optado por crear una multiplicidad de normas a tal punto que se vuelven asfixiantes, como la imagen del libro Los viajes de Gulliver, en la que aparece atado por cientos de liliputienses. Así quedan el Estado, las empresas y los ciudadanos; casi inmóviles ante la tramitología y la burocracia. Una frustración, que describe muy bien y con una sátira fina, el profesor Erick Behar, en su libro Perdido en Legalandia. Pero, la confianza no se obtiene por decreto. Se gana en el día a día y está en el corazón de cada actividad que realizamos; cuando compramos, trabajamos, votamos, etc. Según el investigador Bejamin Ho, la confianza es el pegante que mantiene unida a la civilización, y la causa de la prosperidad.

Entonces, ¿cómo generar confianza? La literatura es amplia. Me atrevo a mencionar tres formas a partir de un reciente artículo del Foro Económico Mundial. Primero, tomando el riesgo de confiar en el otro. Es la más difícil, sobre todo cuando se ha fracasado anteriormente. Para que los demás confíen, se debe tomar el paso de confiar. Es peligroso y hay que verlo como señal de fortaleza y no de inocencia. Evidentemente, no aplica para todos los casos. Segundo, mostrándose digno de confianza, lo que está basado en dos atributos: competencia (cumpliendo las promesas) y ética (haciendo lo correcto). Cuando hay previsibilidad, consistencia, transparencia y honestidad, se genera empatía y seguridad. Tercero, estableciendo mediciones o estándares que permitan demostrar que se ha pasado del dicho al hecho. Solo a través de la confianza y la cooperación se podrán resolver de manera efectiva los grandes desafíos que afrontamos.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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