viernes 30 de octubre de 2020 - 12:00 AM

“COVID-19: Ampliador de desigualdades”*

Esta enfermedad genera un triple choque a nivel sanitario, económico y social. Por lo tanto, se ha convertido en un ampliador de desigualdades.
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La crisis producto de la COVID-19 es una oportunidad para repensar el modelo de desarrollo. El informe del Programa de las Naciones Unidades para el Desarrollo (PNUD), “COVID y desarrollo humano”, señala que esta enfermedad no tiene precedentes al generar un triple choque a nivel sanitario, económico y social. Por lo tanto, se ha convertido en un ampliador de desigualdades.

En materia de salud, con más de un millón de fallecidos en el mundo, la COVID-19 supera el número de muertes diarias por causas comunes como la malaria, suicidios y accidentes de tránsito.

A nivel social, dado el cierre de los colegios y la falta de acceso a Internet, se estima que el 60% de los niños y niñas en edad de cursar estudios primarios no lo están haciendo. Por último, el estudio estima una caída del PIB per cápita global del 4%, lo que significa mayor desempleo y pobreza. Esto sin contar otros efectos negativos como los generados a las mujeres por las inequidades en el trabajo del cuidado y la violencia de género.

Ante esta situación, por un lado, hay quienes optan por el antidesarrollo, al considerar que el crecimiento es malo porque destruye tradiciones, homogeniza culturas y acaba con la naturaleza. Por otro lado, el desarrollismo parte de un sesgo hacia el progreso de la ciencia, la tecnología y el mercado, mostrando indiferencia acerca de los impactos negativos sobre las desigualdades y el medio ambiente.

Y hay una tercera vía, que es el enfoque del desarrollo humano, que cree en la economía de mercado, pero entiende el crecimiento como un medio para mejorar la calidad de vida y la sostenibilidad, y no como un fin en sí mismo.

Como señaló el profesor Klaus Schwab, “la pandemia representa una rara, pero estrecha ventana de oportunidad para reflexionar, reimaginar y reiniciar nuestro mundo”. Según Schwab, las desigualdades producto de la COVID-19 generan un mundo más propenso a la rabia. De ahí que es necesario adoptar un modelo que vaya “más allá del ingreso, más allá de los promedios y más allá del presente”, tal como lo plantea el PNUD. Una perspectiva que se centre en la dignidad humana y genere un mundo en donde cada persona pueda desarrollar su potencial.

*En colaboración con Juan Carlos Mantilla, profesor de Ciudadanía de la UNAB y Ph.D. en Ciencias Sociales.

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