viernes 05 de noviembre de 2021 - 12:00 AM

Es el “cómo”, no el “qué”

se necesita un Estado que garantice seguridad, educación, justicia, salud, saneamiento básico, infraestructura, etc. Y al mismo tiempo, se necesita un mercado pujante y competitivo.
Escuchar este artículo

En la medida en que las elecciones se acercan, los debates políticos se intensifican. Para algunos el Estado es visto como un demonio y el causante de todos los males, mientras que el mercado es el salvador. Y para otros, sucede todo lo contrario: la solución es más Estado y menos mercado. Poco a poco, la temperatura aumenta hasta que el debate termina con una gran insatisfacción. Los más beneficiados son los políticos que promueven estas posturas. Ante la rabia y la indignación, aumenta la autoconfirmación y gratificación frente a la ideología preferida.

Durante más de 500 años se ha dado esta discusión. En el siglo XVI la corriente económica dominante fue el mercantilismo, lo que permitió el predominio del Estado. Todos los mecanismos (subsidios, controles, barreras, etc.) fueron implementados para limitar la competencia y el mercado, y así, “acumular riqueza”. Luego, Adam Smith dijo que el mercantilismo estaba “al servicio del príncipe” y había que “dejar hacer” (libertad manufacturera) y “dejar pasar” (libertad aduanera) al mercado. Después, en medio de la gran depresión, llegó el keynesianismo a comienzos del siglo XX con una publicación titulada «El fin del “dejar hacer”», lo que impulsó la creación de los Estados de Bienestar, en los que el gobierno retoma el control. Incluso, algunos países adoptaron el socialismo y el comunismo. Producto de los nefastos resultados, a comienzos de los años 80 surge el neoliberalismo que propone que el Estado y el mercado son sustitutos. La propuesta consistió en limitar la burocracia y el gasto social. Y así, entre una tendencia y la otra, se ha centrado el debate político.

Teóricamente, el péndulo dejó de moverse desde hace décadas. Como dijo el premio nobel de economía, Paul Samuelson: “dirigir una economía sin los dos [mercado y Estado] es como tratar de aplaudir con una mano”. Ya se sabe que se necesita un Estado que garantice seguridad, educación, justicia, salud, saneamiento básico, infraestructura, etc. Y al mismo tiempo, se necesita un mercado pujante y competitivo. Pero comúnmente no se tiene la idoneidad y las capacidades para alcanzar los fines. El debate del “qué” es secundario. El problema es el “cómo”. Incluso, hay quienes no tienen escrúpulos para llegar al poder, lo que deslegitima cualquier aspiración. ¿Será muy ambicioso pedir respeto, apertura al diálogo, transparencia, coherencia y toma de decisiones basadas en la evidencia?

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
Otras columnas
Publicidad
Publicidad
Publicidad