viernes 23 de julio de 2021 - 12:00 AM

Hablemos de política

Llegó el momento de hablar de política en la mesa y esto implica madurez. Se requiere entender que no todas las personas piensan como uno y eso enriquece la conversación.
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Prohibido hablar de política”. Este es un consejo que escuchamos con frecuencia. Incluso, se ha convertido en una regla común entre familiares, amigos, colegas, etc. De lo contrario, una vez alguien dice algo al respecto, es considerado como disociador y conflictivo. Algunos se ponen los guantes de inmediato y entran en discusiones largas e improductivas, que en su mayoría terminan generando malestar.

La realidad es que la política rige el destino de una sociedad y si no tenemos la capacidad de abordar y participar en estas conversaciones, ¿cómo comprender las problemáticas y ser parte del cambio? Hay que empezar por eliminar esas reglas que nos atan al pasado y abrirnos al diálogo. Sin duda, es uno de los mayores desafíos que enfrentamos hoy como humanidad. A muy pocos les gusta ser cuestionados y estamos capturados por el “sesgo de la confirmación”, en el que buscamos información que valide nuestras ideas. Esta situación se agrava por las redes sociales que están diseñadas para mostrarnos solo lo que nos interesa.

Queramos o no, estamos rodeados de la política. A todos les están llegando mensajes permanentemente en una dirección o la otra. De ahí que debemos coger el toro por los cachos. Hay que dejar lo políticamente correcto a un lado y empezar a desarrollar habilidades para hablar de temas difíciles, en lugar de salir corriendo y evadir el “elefante en la habitación”. Una de las mejores maneras de hacerlo es a través de la promoción de conversaciones basadas en el respeto, la evidencia, la sinceridad y la curiosidad por el otro.

Llegó el momento de hablar de política en la mesa y esto implica madurez. Se requiere entender que no todas las personas piensan como uno y eso enriquece la conversación. Incluso, si todos piensan similar, bienvenido aquel que juega el papel de abogado del diablo. A los que no muestran interés, son callados o quieren pasar de agache, hay que involucrarlos. Se necesita aprender a no sentarse en la palabra y estar en disposición de escuchar al otro con atención. En lugar de responder rápidamente con un contraargumento, vale la pena hacer el esfuerzo de cambiar lo que se quiere decir por una pregunta. Con estas y otras ideas, seguro se generará mayor confianza y unión entre las personas, y, por lo tanto, una mejor política.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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