viernes 06 de diciembre de 2019 - 12:00 AM

La olla a presión

Y ahora, se ha vuelto común compartir noticias falsas para promover una idea preconcebida sin validar su contenido previamente
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Hay amenazas de que estalle la olla a presión. Con la muerte de Dilan Cruz, el suicidio del soldado Brandon Cely, el trauma craneoencefálico del policía Arnoldo Verú, y los cientos de heridos más que ha dejado la protesta, se demuestra que los espacios institucionales de reivindicación y conversación se han debilitado y que las consecuencias pueden ser fatales. Hay quienes piensan que la situación puede empeorar. Según Semana, “las protestas en Chile ya han causado más de 20 muertos, las de Bolivia más de 30 y las de Ecuador al menos 10”. En Colombia, la situación va más allá del paro e incluye la muerte de cientos de líderes sociales y miembros de la fuerza pública.

Para el profesor de liderazgo, Ronald Heifetz, todo grupo requiere de un “ambiente contenedor” que permita tener conversaciones difíciles y hacerle frente a retos adaptativos, es decir, aquellos que para superarlos requieren cambios de mentalidad, hábitos y creencias. Son cambios dolorosos pero necesarios para lograr progreso y cerrar las brechas entre las expectativas y la realidad. Heifetz usa la analogía de la “olla a presión” y señala que las conversaciones productivas se dan en un rango de tolerancia que requiere calor para que se cocinen los alimentos pero no tanto como para que explote la olla y se genere destrucción o inatención sobre los asuntos a tratar.

Según esta teoría, es frecuente que las partes tiendan a “evadir el trabajo”. Por lo tanto, niegan la existencia del conflicto, buscan un chivo expiatorio (culpan al que no es), atacan a las personas en lugar de los argumentos, marginalizan al mensajero, etc. Y ahora, se ha vuelto común compartir noticias falsas para promover una idea preconcebida sin validar su contenido previamente.

Ante esta situación, las partes deben definir objetivos realistas, mejorar el diagnóstico, alinear sus equipos y respetar las reglas de juego, lo que implica un rechazo absoluto a la violencia. Las facciones radicales tienden a escucharse más; por eso, se necesitan el criterio y las voces de todos. Los espacios de diálogo digitales y presenciales son bienvenidos, pero si no son acompañados de una escucha respetuosa con curiosidad y compasión, que refleje receptividad, generará insatisfacción. Hay que reforzar la olla a presión. Es la hora de un diálogo productivo.

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