viernes 22 de abril de 2022 - 12:00 AM

Metiéndole el hombro a la cultura

Sin duda, el espíritu que se siente durante la Semana Santa en Popayán es un ejemplo para otras regiones en la salvaguarda de nuestra identidad

Vivir la Semana Santa en Popayán es una experiencia llena de mística, cultura y tradición. En un mundo en el que la globalización tiende a la homogeneidad y se pierden la memoria y el sentido de pertenencia, los territorios que reconocen y protegen su identidad se convierten en un oasis en el desierto. Normalmente nos sentimos orgullosos por alojar bellezas naturales, monumentos o espacios arquitectónicos, y dejamos a un lado uno de los elementos más poderosos de nuestra riqueza que es el patrimonio inmaterial, conformado por los conocimientos, saberes y expresiones vivas heredadas de nuestros ancestros.

Con las procesiones de Semana Santa, los patojos dan cátedra en la promoción y conservación de su legado cultural, el cual han logrado transmitir por generaciones. Desde 1556, en Popayán se llevan a cabo los famosos desfiles de imágenes alusivas a la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. Pero más allá del fervor religioso es indiscutible su carácter cívico a través del cual se crea historia y comunidad, generando un invaluable impacto social y económico. Durante las procesiones se escucha un propio lenguaje y cada persona cumple un rol esencial.

Los cargueros son los principales protagonistas metiéndole, con orgullo, el hombro a los pasos, que pueden llegar a pesar más de 600 kilos. Los moqueros son niños vestidos de cargueros que con una vara recogen los “mocos” que chorrean de los cirios. Las sahumadoras son jóvenes que van quemando incienso. Los regidores, vestidos de frac, garantizan el orden y la solemnidad de la procesión. La música está a cargo de bandas de guerra y orquestas. Algunos ciudadanos se convierten en alumbrantes, acompañando los pasos con velas encendidas, mientras que miles de observadores desde los andenes, graderías y balcones se deleitan con la festividad. Todo ocurre en una ciudad donde las paredes se visten de blanco y los faroles decoran la noche.

La organización de la procesión genera unión, inclusión, solidaridad, compromiso, arraigo y gran entusiasmo. En un mismo paso cargan personas de diferentes estratos sociales y se unen en torno a un solo propósito: honrar la tradición de culminar el recorrido a como dé lugar. Sin duda, el espíritu que se siente durante la Semana Santa en Popayán es un ejemplo para otras regiones en la salvaguarda de nuestra identidad.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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