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Juan Pablo Remolina
Sábado 20 de enero de 2024 - 12:00 PM

Se agotó el centralismo

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A raíz de episodios como la revocatoria de las funciones como autoridad minera de Antioquia, la pérdida de Barranquilla como sede de los juegos Panamericanos y las fuertes diferencias con la alcaldía de Bogotá respecto al metro, ha cogido fuerza el debate sobre el modelo de organización del Estado. Se habla de federalismo, regiones autonómicas, más descentralización, etc. David González tituló su reciente columna en El Colombiano, “¡Descentralización o catástrofe!”. El presidente del Congreso, el senador Iván Name, ha señalado que “el centralismo es un modelo fallido. Ha causado atraso, pobreza y guerra; y que debemos salir de la asfixia”.

A este panorama debemos quitarle el tinte ideológico. El proceso centralizador en Colombia, viene creciendo desde hace décadas. Hoy el gobierno central recauda el 81 % de los impuestos y representa el 68 % del gasto público. Sin embargo, las autoridades locales conocen mejor las necesidades del territorio y tienen más cercanía con la ciudadanía. No en vano las elecciones territoriales registran una mayor tasa de participación electoral que las elecciones nacionales. Pese a lo anterior y dada la carencia de recursos para atender las competencias asignadas, los alcaldes y gobernadores deben pasar más tiempo en Bogotá, que en sus propios territorios, rogando por la financiación de proyectos.

Es injusto que, mientras se robustece la burocracia de ministerios, entidades y órganos de control a nivel central, más del 90% de los municipios, que corresponden a categorías 6 y 5 (menos de 20.000 habitantes) evidencian enormes limitaciones en su talento humano e infraestructura tecnológica. El descaro ha llegado a tal punto que, en la última reforma a las regalías, se eliminaron los recursos de funcionamiento para que las entidades territoriales cuenten con unas capacidades mínimas para formular y hacerle seguimiento a los proyectos, y al mismo tiempo aumentaron los recursos para entidades del orden nacional.

En Santander debemos ponernos las rodilleras constantemente para ver si logramos la atención de algún funcionario del orden nacional. Por ejemplo, se lleva más de 10 años rogando para que se haga un retorno en el anillo vial Floridablanca-Girón; una necesidad de más 22.000 personas que sufren diariamente por su carencia. Así, hay infinidad de casos. No sorprende que haya un desencanto por la democracia. Según el DANE, el 52 % de la población considera que está muy insatisfecha en la forma como funciona nuestra democracia. De ahí que es muy valioso que el senador Name promueva la realización de audiencias públicas regionales sobre esta temática. La próxima semana será el turno para Santander.

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