viernes 01 de mayo de 2020 - 12:00 AM

Transparencia y coordinación

En momentos de crisis, cuando se flexibilizan los controles y aumenta la discrecionalidad del gasto, se deben fortalecer la rendición de cuentas y la participación ciudadana.
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El éxito para superar la emergencia de la covid-19 depende del nivel de transparencia y coordinación de los actores en el territorio. La pandemia nos recordó que estamos en un entorno VUCA que es el acrónimo en inglés de volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad. Este concepto, creado a mediados de los 90 por el ejército de los EE.UU., describe un ambiente en el que la velocidad e imprevisibilidad de los cambios es la constante, no hay total claridad sobre las causas de los hechos y existe un alto nivel de interdependencia entre las partes. Esto hace que sea difícil planear, que los tomadores de decisiones se sientan abrumados y que la confusión se propague.

Ante este panorama, la transparencia es una de las armas más poderosas. Se requieren apertura, visibilidad y difusión de la información. En momentos de crisis, cuando se flexibilizan los controles y aumenta la discrecionalidad del gasto, se deben fortalecer la rendición de cuentas y la participación ciudadana. Hay evidencia de que los casos de corrupción florecen en emergencias humanitarias como sucedió con el tsunami del océano Índico en la India o el huracán Katrina en EE.UU. Pero la transparencia va más allá de un mecanismo para evitar la acción de los criminales; es la base para desencadenar un trabajo colaborativo entre todos los actores. Sin información cada uno estará dando palos de ciego. La unión de los actores debe darse alrededor de datos y un propósito común.

De ahí que la transparencia sea insuficiente, si no hay actores que se apropien de la información y que contribuyan de manera propositiva y coordinada. Se equivocan aquellos que piensan que solos pueden solucionar problemas tan complejos como los que estamos afrontando. La creación de aplicaciones móviles y sistemas de información de manera desarticulada o frases como “yo soy el presidente” o “el presidente manda, pero que mande bien”, demuestran falta de diálogo. Hay que optimizar los recursos. Acá todos ponen y debe haber un liderazgo colectivo entre el sector público, privado, academia y ciudadanía. “Cada individuo es como un ladrillo colocado en los cimientos de un edificio. Unido a los demás, contribuye a su solidez; pero si se zafa, lo hace flaquear o desplomarse” (Arturo Cuyás).

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