jueves 31 de octubre de 2019 - 12:00 AM

Claudia

lo que los votantes vieron es que Claudia se hizo a pulso, que estudió con becas y préstamos, que hizo parte de la Séptima Papeleta, que se jugó la vida destapando la parapolítica
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Columna de
Juliana Martínez

Claudia López habla duro, no le “baja al tonito”, manotea, se exalta, es respondona, no se deja callar ni intimidar, no tolera la condescendencia ni sonríe para apaciguar el ánimo de los hombres a su alrededor.

Claudia tiene el pelo corto, casi no se maquilla, no usa vestidos ni faldas, y se pone un foulard que muchos tildan despectivamente de “corbatica”, para descalificarla por no ser “lo suficientemente femenina”.

Claudia no tiene hijos, es lesbiana, no lo niega, no lo oculta, besa a su pareja en público.

Es decir, Claudia López es todo lo que la gran mayoría de mujeres en Colombia crecimos escuchando que no debíamos o no podíamos ser. Hace no tanto, esto habría sido más que suficiente para descalificar a cualquier mujer social y políticamente.

Pero el domingo demostró que los tiempos están cambiando. La sensatez pudo más que los prejuicios y se hizo historia: Claudia López se convirtió no solo en la primera alcaldesa de Bogotá, sino en la primera persona en ser elegida con más de un millón de votos, y en la primera mujer abiertamente homosexual en alcanzar este cargo en Latinoamérica.

Porque lo que los votantes vieron el domingo es que Claudia se hizo a pulso, que estudió con becas y préstamos del pregrado al doctorado, que hizo parte de la Séptima Papeleta (el movimiento estudiantil que nos trajo la Constitución del 91), que se jugó la vida destapando el escándalo de la parapolítica, que es acérrima enemiga de la corrupción, que defiende el medio ambiente, que sabe reconocer sus errores, que no es perfecta pero su compromiso con el país sí es sincero.

Esto no es un logro menor. Y me da mucha alegría saber que, independientemente de afiliaciones políticas, hoy hay una generación de niñas y niños que van a crecer sabiendo que los valores no tienen nada que ver con la orientación sexual, que la trayectoria profesional es más importante que el género, y que cuando las personas tienen la libertad de ser quienes son (más allá de los prejuicios y los estereotipos) gana la sociedad y gana Colombia.

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