jueves 16 de mayo de 2019 - 12:00 AM

Como en el estadio

Si nos escandalizamos cuando las personas Lgbt hacen las mismas cosas que celebramos en las parejas heterosexuales... a eso se la llama homofobia
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Columna de
Juliana Martínez

Mañana se celebra el Día Internacional contra la Homofobia y la Transfobia. El día conmemora la fecha en que la Organización Mundial de la Salud retiró la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales, y aspira a que tomemos conciencia de las muchas formas en las que impedimos o contribuimos a que las personas Lgbt vivan una vida libre digna y libre de violencias.

Las manifestaciones de afecto son un buen ejemplo. Recientes casos como el del Andino y el de los hinchas del Atlético Nacional nos han recordado que, con alarmante frecuencia, las expresiones más violentas de homofobia suceden cuando las parejas no heterosexuales (dos hombres o dos mujeres) expresan su afecto en público de formas completamente aceptables para parejas heterosexuales (hombre y una mujer).

Tener relaciones sexuales o exhibirse en espacios públicos o ante menores de edad es un delito sin importar la orientación sexual de las personas. Ninguna persona, gay o no, puede incurrir esas conductas sin transgredir la ley.

Sin embargo, nuestra homofobia colectiva e individual nos lleva a castigar lo que aceptamos como normal o deseable en personas heterosexuales.

Pero expresar cariño no es exhibicionismo ni corrupción de menores, es el más básico de los derechos y necesidades que tenemos todos los seres humanos.

Si nos escandalizamos cuando las personas Lgbt hacen las mismas cosas que celebramos en las parejas heterosexuales (tomarse de la mano, ir al colegio sin temor a ser agredido, trabajar sin ser despedido al poner una foto de la pareja en el escritorio, etc.), a eso se la llama homofobia.

Por eso, les invito a que la próxima vez que veamos a personas Lgbt manifestando su afecto nos preguntemos: ¿si fuera una pareja conformada por hombre y mujer reaccionaríamos de la misma manera? Si la respuesta es no, es homofobia.

Al fin de cuentas la lección es simple, y René Higuita la dejó bien clara: “hombre, ¿cuál es el problema? Los muchachos no le están haciendo daño a nadie.” Ojalá mañana reflexionemos sobre qué podemos hacer para que en el país, como en el estadio de Higuita, todos seamos bienvenidos.

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