jueves 05 de mayo de 2022 - 12:00 AM

Criminalizar no evita abortos, solo los hace más riesgos o letales

El silencio frente a los ataques de los derechos sexuales y reproductivos y de las personas LGBTI no es nunca un acto neutral: pone y/o mantiene en el poder a quienes los atacan
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Columna de
Juliana Martínez

Esta semana se filtró el borrador de la decisión de la Corte Suprema de los Estados Unidos de revocar Roe vs. Wade (1973), lo que implicaría que el aborto no sería ya un derecho protegido en el país.

La decisión de la Corte es trascendental por (al menos) tres motivos.

Primero, es un alarmante retroceso para los derechos reproductivos, y un golpe devastador para millones de personas.

Hay que ser claros: la criminalización del aborto no disminuye el número de abortos. Lo que hace es aumentar el número de muertes y complicaciones de salud asociadas al procedimiento.

Penalizar el aborto no salva ninguna vida, simplemente pone en riesgo la vida y la salud de la persona que interrumpe su embarazo, sobre todo cuando se trata de personas vulnerables: pobres, rurales, menores de edad, etc.

Segundo, revocar un derecho con un precedente legal (nacional e internacional) tan sólido, y reconocido como fundamental por todos los países del Norte Global marca un notable giro en la posición de los Estados Unidos como supuesto garante de los derechos humanos, particularmente de las minorías; y constituye un influyente y peligroso antecedente a nivel internacional.

Tercero, la decisión consolida la politización de la Corte Suprema liderada por el partido republicano desde años y cimentada por Donald Trump con el nombramiento de tres nuevos jueces de marcado sesgo conservador: Neil Gorsuch, Brett Kavanaugh, y Amy Coney Barrett, todos los cuales votaron en contra de la protección de los derechos reproductivos.

Más aún, como dichos jueces son vitalicios, esta decisión augura un futuro muy preocupante para los derechos humanos, particularmente los de las mujeres cis, y las minorías sexuales, de género y etnoraciales entre otras.

Aún pueden faltar meses para la decisión final de la Corte. Sin embargo, este hecho nos recuerda que la lucha por los derechos es constante y no admite neutralidad. El silencio frente a los ataques de los derechos sexuales y reproductivos y de las personas LGBTI no es nunca un acto neutral: pone y/o mantiene en el poder a quienes los atacan, con directas y devastadoras consecuencias para millones de personas.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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