jueves 27 de enero de 2022 - 12:00 AM

De hijas “escondidas” a padres irresponsables

“Ocultar” a una hija por “respeto a la familia” dice mucho tanto de quien evade su responsabilidad frente a esa hija, como de la idea de familia invocada
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Columna de
Juliana Martínez

En las últimas semanas García Márquez ha vuelto a ser noticia. No por sus méritos literarios, sino por sus reprochables acciones como hombre, y, sobre todo, como padre.

Pero aquí no hablo solo sobre la conducta de GGM, sino también de cómo muchos de los artículos al respecto han sido escritos.

En vez de denunciar la irresponsabilidad del Nobel al no reconocer a su hija, muchos de los artículos despliegan el sexismo que hace que estos comportamientos sigan exculpándose a través de tres estrategias principales:

1) Tratan a Indira Cato como “un descubrimiento”, no como una persona (no incluyen su perspectiva).

2) Romantizan la actitud de García Márquez presentando su paternidad satelital y sus dádivas de consuelo como muestras del buen corazón y la generosidad del Nobel y no como lo que son: su negación a ejercer una paternidad plena, y una magra porción de la cuantiosa herencia que le corresponde a Cato.

3) Justifican la negación de los derechos de Cato (y de su madre) como un asunto de “protección” y “respeto” a la familia. Invocar a la familia aquí resulta particularmente perverso pues asume que, o Cato y su madre no son familia, o no son “el tipo” de familia que merece protección y respeto.

“Ocultar” a una hija por “respeto a la familia” dice mucho tanto de quien evade su responsabilidad frente a esa hija, como de la idea de familia invocada: una que exige que se nieguen los derechos y el reconocimiento a los demás para proteger su respetabilidad y su patrimonio.

Seamos claros, “ocultar” un hijo no es nunca un acto inconsecuente ni mucho menos benigno. Es un gesto patriarcal que preserva el estatus social y económico de los hombres a expensas del bienestar y la estabilidad económica de esos niños “secretos” y de las mujeres que quedan con la carga de su crianza.

Rompamos nuestra complicidad con el sexismo y llamemos a las cosas por su nombre. Dejemos de hablar de hijas “escondidas” y empecemos a hablar de paternidades irresponsables. Tal vez así tengamos, por fin, una segunda oportunidad sobre la tierra.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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