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Juliana Martínez
Miércoles 27 de diciembre de 2023 - 12:00 PM

Dos caras del mismo mito patriarcal

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Una de las maneras en las que el sexismo más se reproduce es a través de expresiones que repetimos sin prestarles atención. Dos de las más comunes son “la mantenida” y la “mamá trabajadora”.

Contrario a lo que podría pensarse, estos no son dos opuestos, sino dos caras del mismo mito patriarcal que, sin importar lo que hagan las mujeres, las pone en una situación de desventaja.

Empecemos con la idea de la “mamá trabajadora”, ¿por qué no se dice que un hombre es un “padre trabajador”?

Por supuesto, esta expresión no se utiliza porque se asume que el rol del padre es el de trabajar (remuneradamente) mientras que el de la madre es cuidar (sin remuneración).

Es decir, la expresión “madre trabajadora” veladamente reproduce dos ideas fundamentales para el patriarcado:

Primero, que el asumir el cuidado de los hijos (u otras personas que lo necesiten) no es “trabajo”. Segundo, que estas mujeres fracasan en ambos roles pues no son ni buenas madres ni buenas trabajadoras.

Sin embargo, si las mujeres se quedan en el hogar al ejercer el trabajo no remunerado de cuidado, la sociedad invisibiliza sus aportes, negándose a reconocer que las incontables labores que hace diariamente son, también, trabajo, y las llama “mantenidas”.

Tanto es así que, por ejemplo, cuando una persona concluye su licencia posparto se habla de “volver a trabajar”, como si todo lo que ha estado haciendo durante los cuatro meses dedicados al cuidado de un recién nacido no fueran trabajo.

Por eso, es clave hablar de “volver al trabajo remunerado”, pues el cuidado es quizás el trabajo más esencial para una sociedad, aquel del que dependen todos los demás.

Sin embargo, como sociedad no reconocemos ni mucho menos compensamos a quienes ejercen estas labores, la gran mayoría de quienes son mujeres racializadas.

Por eso, les invito a que tomemos conciencia de las muchas formas en que invisibilizamos el trabajo de las mujeres, y que actuamos para que el cuidado sea reconocido y remunerado como lo que es un: un trabajo esencial (no una habilidad natural) para nuestra supervivencia como individuos y sociedades.

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