jueves 26 de diciembre de 2019 - 12:00 AM

El mejor regalo

Ser gay, lesbiana, bisexual o trans no es un problema. El problema es la discriminación que estas personas sufren, incluso a manos de quienes más los queremos: sus familiares.
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Columna de
Juliana Martínez

Las fiestas de fin de año son momentos para compartir con quienes más queremos. Sin embargo, para muchas personas LGBT esta época es particularmente dura porque no son bienvenidas en sus propias casas, o, si van a reuniones familiares, deben esconder quienes son o están expuestos a diferentes formas de discriminación y violencia.

A veces la discriminación es directa, pero muchas veces ni siquiera es intencional. Es decir que, sin darnos cuenta, con comentarios, chistes, preguntas y peticiones de “discreción” enviamos el mensaje que ser heterosexual y cisgénero (no trans) son condiciones para ser parte de la familia y recibir nuestro respeto, apoyo y amor.

Estas dinámicas refuerzan la idea de que son las personas LGBT las que tienen que cambiar para preservar la armonía y la unión familiar. Es decir, que ser gay, lesbiana, bisexual o trans es algo vergonzoso o indeseable que debe ser escondido o ignorado “por el bien común”.

Pero esto no es así. Ser gay, lesbiana, bisexual o trans no es un problema. El problema es la discriminación que estas personas sufren, incluso a manos de quienes más los queremos: sus familiares.

Por eso, en estas fiestas los invito a que en vez de pedirle a nuestros familiares LGBT que se escondan o cambien, nos preguntemos qué podemos hacer para que nuestros hogares sean más seguros y acogedores para todos los miembros de la familia sin importar su orientación sexual, e identidad o expresión de género.

Por ejemplo, pequeños cambios en el lenguaje pueden tener un gran impacto. Hablemos del novio (no del “amigo”) de nuestro hermano, de la pareja (no de la “amiga”) de nuestra hija, y usemos el nombre y los pronombres elegidos por nuestra prima trans.

Seamos conscientes de que si las parejas heterosexuales de todos nuestros familiares están invitadas a las comidas y celebraciones, también deben estarlo, en igualdad de condiciones, las parejas de quienes no lo son.

Nombrar y abrazar la diversidad de nuestras propias familias es el mejor regalo no solo para las personas que tanto queremos, sino también para hacer de Colombia un país más incluyente e igualitario.

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