jueves 22 de julio de 2021 - 12:00 AM

¿En bikini?

Esto manda el mensaje de que lo más importante no es su habilidad deportiva, sino la exhibición de su cuerpo para el placer de una audiencia que se presume más interesada en los cuerpos de las jugadoras que en el deporte mismo.
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Columna de
Juliana Martínez

El domingo pasado la selección noruega femenina de balonmano fue noticia internacional, no por su desempeño atlético, sino por la ropa que sus jugadoras estaban usando, o, más bien, por la que se negaron a usar.

Las atletas fueron sancionadas por no usar el bikini reglamentario en las semifinales del Campeonato Europeo y competir con shorts más cómodos.

Las deportistas llevan años quejándose ante la Federación Europea de Balonmano sobre las diferencias entre la reglamentación de los uniformes de hombres y mujeres.

Las jugadoras “deben llevar bikinis inferiores con talla ajustada” y el ancho “debe ser de un máximo de 10 centímetros”. Por el contrario, los hombres juegan con camisetas holgadas y pantalonetas que deben “quedar 10 centímetros por encima de la rodilla”.

Así, mientras que el uniforme de las mujeres las sexualiza al exigir que su trasero y su abdomen sean exhibidos, el de los hombres asegura su comodidad.

Además, las jugadoras han argumentado que el bikini que se les obliga a usar resulta poco práctico para jugar en la arena, y es particularmente incómodo durante la menstruación.

Teniendo todo lo anterior en cuenta, el Comité Olímpico cambió sus reglas durante los juegos de Londres en 2012. Sin embargo, la Federación Europea se niega a hacer lo propio, obligando a las deportistas a competir en un diminuto e incómodo bikini.

Esto manda el mensaje de que lo más importante no es su habilidad deportiva, sino la exhibición de su cuerpo para el placer de una audiencia que se presume más interesada en los cuerpos de las jugadoras que en el deporte mismo.

Más aún, el hecho de que en pleno 2021 haya mujeres obligadas a desempeñarse profesionalmente en bikini cuando esta prenda no tiene ningún sentido práctico y, de hecho, puede inhibir su desempeño, dice mucho de lo naturalizado que está el sexismo en nuestras prácticas cotidianas, incluyendo espacios de empoderamiento femenino como el deporte.

¿Cuándo llegará el día en el que, dentro y fuera de las canchas, las mujeres podamos trabajar sin ser sometidas a estándares discriminatorios y sin que nuestro cuerpo importe más que nuestras habilidades?

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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