jueves 20 de agosto de 2020 - 12:00 AM

Escandalizarse no sirve de nada

Hacer una donación o quejarnos en redes sociales puede lavar nuestra conciencia, pero deja intacta la heteronormatividad que sustenta el continuum de violencia contra las personas LGBT.
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Columna de
Juliana Martínez

El pasado 30 de julio Luis Fernando Álvarez, de 17 años, regresaba a su casa en Sincelejo cuando un vecino lo atacó con un machete, mutilándole la mitad del brazo. La razón: Luis es gay.

Lastimosamente este caso no es ni aislado ni excepcional. La violencia contra las personas LGBT hace parte de la violencia de género y, como esta, es un continuum.

Es decir, consiste en una larga ristra de agresiones que van aumentando en intensidad hasta culminar en actos de violencia extrema cuyo objetivo no es solo castigar a la víctima por alejarse del binario y las expectativas de género, sino sobre todo restablecer un orden hetero-normativo y patriarcal.

Por eso, escandalizarse ante actos homofóbicos tan explícitos no sirve de nada si:

Seguimos haciendo comentarios y chistes denigrantes, y cuando alguien menciona su contenido homofóbico nos quejamos de que “ahora no se puede decir nada”.

Seguimos diciendo “yo no tengo nada contra los homosexuales, pero” ... “que no se les note”, “que no expresen afecto en público”, “que no lleven a su pareja a la reunión familiar” y un largo, larguísimo, etcétera.

Rechazamos cualquier intento de que los adolescentes LGBT puedan estudiar sin ser acosados, sancionados o atacados en el colegio por el simple hecho de ser quienes son.

Votamos por políticos con plataformas que atacan los derechos de las personas LGBT.

Continuamos asistiendo a iglesias en las que la homofobia es un mandamiento más, y cuyos líderes tienen el descaro de tildar a las personas LGBT de corruptores de menores cuando son ellos quienes protegen a miles de pederastas dentro de su institución.

Es sin duda positivo y esperanzador que tantas personas se movilizaran para apoyar a Luis con donaciones. Pero la caridad no es remedio para la discriminación y la violencia sistémica.

Hacer una donación o quejarnos en redes sociales puede lavar nuestra conciencia, pero deja intacta la heteronormatividad que sustenta el continuum de violencia contra las personas LGBT.

No más escandalizarse en vano. Tenemos que responsabilizarnos del odio que provocamos o permitimos.

Tolerar la homofobia es también una forma de normalizarla, justificarla y promoverla.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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