jueves 19 de mayo de 2022 - 12:00 AM

Heartstopper

Bienvenidas entonces más series como Heartstopper que nos recuerdan que pese a tantos discursos de odio, el corazón late (o deja de latir) con la misma fuerza cuando estamos cerca de quien amamos...
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Columna de
Juliana Martínez

Heartstopper es una reciente serie de Netflix. Aunque el título quedó en inglés en la plataforma, la palabra hace referencia a algo, o, en este caso, más bien a alguien, que hace el corazón se detenga.

En un principio la historia parecería ser una de las más manidas de Hollywood: el despertar afectivo y sexual de un grupo de adolescentes; y los enredos, las inseguridades, preguntas, los conflictos y los nuevos vínculos que surgen a raíz de estos.

Sin embargo, hay una diferencia importante: no se trata exclusiva, y ni siquiera principalmente, de jóvenes heterosexuales y cisgénero. Se centran las historias de adolescentes gays, lesbianas, bisexuales y trans.

Esta no es la primera vez que Netflix hace algo así. En los últimos años, varias series han explorado esta temática (quizás la más notable es Sex Education), haciendo cada vez más grietas en uno de los muros de silencio más poderosos de nuestra cultura y sociedad: la vida emocional y amorosa de los jóvenes LGBTQ+, sobre todo contadas con la misma empatía y complejidad que solemos reservar para las historias heterosexuales y cis (personas que no son trans).

Esto parecería una nimiedad, pero en realidad es de gran trascendencia.

Ver reflejadas sus experiencias, historias y sentimientos de manera positiva y empática es de gran importancia para las personas, sobre todo los jóvenes, LGBTQ+. Pero también lo es para quienes no lo somos (y para la sociedad), pues nos recuerda una verdad obvia pero silenciada por mucho tiempo: que el amor y las búsquedas por la identidad propia son fenómenos humanos, no un privilegio heterosexual y cisgénero.

También nos recuerda ese curioso poder que tiene la ficción: el de permitirnos comprender mejor la profunda humanidad de quienes hacen parte de nuestra sociedad pero no podemos o no queremos ver como iguales debido al desconocimiento o el prejuicio.

Bienvenidas entonces más series como Heartstopper que nos recuerdan que pese a tantos discursos de odio, el corazón late (o deja de latir) con la misma fuerza cuando estamos cerca de quien amamos, y que todas las personas merecemos sentir esa felicidad sin miedo.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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