jueves 09 de enero de 2020 - 12:00 AM

La alcaldesa y su esposa

Claudia no está sola. Según Voto por la Igualdad, en los últimos comicios 22 personas abiertamente LGBT fueron elegidas por elección popular en varias regiones y de distintos partidos políticos.
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Columna de
Juliana Martínez

El pasado 1 de enero se posesionó la nueva alcaldesa de Bogotá Claudia López, y, como en diciembre se casó con su pareja de hace años, la congresista Angélica Lozano, esa fue la manera en la que su llegada fue anunciada durante la posesión.

La frase es histórica por su sencillez. “La alcaldesa y su esposa” marca una nueva era en la política y la sociedad colombiana donde las relaciones entre personas del mismo sexo empiezan por fin a ser vistas y reconocidas con la misma naturalidad que las de las personas heterosexuales.

Dicha así, en la inauguración oficial de uno de los cargos políticos de más peso en el país, y en un evento público donde miles de personas y familias se congregaron para darle bienvenida, la frase presenta un paradigma profundamente transformador en un país que durante siglos ha naturalizado el rechazo, la discriminación y la violencia contra las personas LGBT.

Claudia no está sola. Según Voto por la Igualdad, en los últimos comicios 22 personas abiertamente LGBT fueron elegidas por elección popular en varias regiones y de distintos partidos políticos.

El departamento con más personas abiertamente gais y lesbianas elegidas fue Antioquia con 5 candidatos, uno de ellos (Andrés Felipe González, concejal de Amagá) perteneciente al Centro Democrático. Además, en Manizales, Matilda González Gil rompió una barrera histórica al convertirse en la primera mujer trans en asumir la dirección de una secretaría de la Mujer y Asuntos de Género en el país.

Esto no quiere decir que las personas LGBT que asumen cargos políticos sean perfectas o mejores que las heterosexuales. Simplemente quiere decir, que, por fin, estamos dispuestos a darles las mismas oportunidades y aprendiendo a evaluarlas en igualdad de condiciones.

Así, miles de votantes a lo largo y ancho del territorio, en pequeños municipios y grandes ciudades, nos están enseñando que, a la hora de evaluar las candidaturas políticas (y las personas en general) la orientación sexual y la identidad de género ni califican ni descalifican a nadie pues lo que importa (ojalá) es el trabajo realizado, las ideas propuestas y la ética profesional.

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