jueves 09 de julio de 2020 - 12:00 AM

La pedofilia no hace parte del movimiento LGBT

quienes violan o abusan sexualmente de los niños son criminales, y deben enfrentar a la justicia independientemente de si son heterosexuales u homosexuales, curas o militares...
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Columna de
Juliana Martínez

Hay que decirlo claramente y sin titubeos: la pedofilia no hace, ni hará, parte del movimiento LGBT, el cual lucha por la igualdad de derechos de las personas gays, lesbianas, bisexuales y trans.

La pedofilia es inaceptable porque, en todos los casos en los que la persona actúa guiada por el deseo sexual que siente por menores de edad, ese accionar necesariamente deriva en abuso sexual y/o violación de menores.

Contrario a lo que piensa la honorable Fiscalía General de la Nación, no es posible tener una relación sexual no violenta con un niña o niño. A eso es a lo que aspiran los pedófilos, y, de hacerlo, constituye un crimen muy serio.

Lo anterior es muy distinto al amor que sienten dos hombres o dos mujeres adultas que deciden crear una vida juntos.

Como en el caso de las personas heterosexuales, las relaciones entre personas gays, lesbianas, bisexuales y trans tienen dos características fundamentales que son imposibles en el caso de la pedofilia: igualdad de condiciones y reciprocidad en el consentimiento.

Así, cuando de pederastia se trata, el problema no es la orientación sexual del abusador o violador, es la violación y el abuso sexual de menores.

La orientación sexual no hace a nadie pedófilo ni pederasta. Lastimosamente esos hay de todas las orientaciones sexuales.

Poner en el mismo plano la desviación sexual que algunas personas (de cualquier orientación sexual y en su mayoría heterosexuales) sienten por los niños, con las relaciones consensuales entre personas del mismo sexo es una de las muchas estrategias para desacreditar la lucha por los derechos de las personas gays, lesbianas, bisexuales y trans.

No se dejen confundir por quienes trafican con el pánico moral: quienes violan o abusan sexualmente de los niños son criminales, y deben enfrentar a la justicia independientemente de si son heterosexuales u homosexuales, curas o militares, padrastros, tíos, abuelos, o profesores de la víctima.

Intentar justificar el abuso sexual de menores con argumentos similares a los esgrimidos por el movimiento LGBT en su justa lucha por la igualdad no solo es manipulador, es criminal y debe ser rechazado categóricamente.

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