jueves 13 de enero de 2022 - 12:00 AM

Los eufemismos del maltrato

La unión familiar no puede estar fundada en el silencio cómplice frente al maltrato y/o el abuso de sus miembros más vulnerables.
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Columna de
Juliana Martínez

Diciembre y enero son épocas de celebraciones familiares. Después de casi dos años de distanciamiento, esto suele motivo de mucha alegría. Sin embargo, estas reuniones también pueden convertirse en espacios en los que se naturalizan o reproducen dinámicas que perpetúan la desigualdad, la discriminación y hasta la violencia con excusas culturales o familiares que impiden reconocer y afrontar lo que realmente está sucediendo.

Este es, por ejemplo, el caso del “mal genio” o del “temperamento fuerte”. Estas expresiones a menudo normalizan comportamientos irrespetuosos y hasta abusivos con frecuencia basados en jerarquías de género, o en estereotipos homo/transfóbicos, racistas, etc.

No se trata de “tener un temperamento fuerte” sino de haber sido socializado con el privilegio de descargar su frustración y su ira sobre los demás sin asumir las consecuencias de dicho maltrato, perpetuando así dinámicas familiares abusivas y tóxicas.

Este es también el caso de “los malos tragos”, eufemismo con el que muchas familias y personas se niegan a enfrentar la realidad del abuso de y/o la adicción al alcohol. La frasecita de “los malos tragos” sirve para subestimar situaciones que con frecuencia incluyen las violencia de género en todo su espectro, desde gritos a agresiones físicas, pasando por el acoso y/o abuso sexual.

Así, el supuestamente “ser” de una manera, bien sea por un supuesto esencialismo cultural (“los santandereanos son de carácter muy fuerte”) o hereditario (“el abuelo también tenía ese genio”) sirve para exonerar a las personas de la responsabilidad que tenemos todos de lidiar con nuestras emociones y/o prejuicios de manera que no reproduzcan la discriminación contra, o violenten (emocional, psicológica, física o sexualmente) a las demás personas.

Tener una personalidad fuerte o consumir alcohol no puede ser excusa para agredir a los demás.

La unión familiar no puede estar fundada en el silencio cómplice frente al maltrato y/o el abuso de sus miembros más vulnerables.

Rompamos el silencio cómplice para que nuestras reuniones realmente sean espacios de bienestar y celebración para todas las personas que la conforman, no oportunidades de reproducir las violencias y jerarquías que tanto daño nos hacen como familia, sociedad y país.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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