jueves 23 de julio de 2020 - 12:00 AM

Perdóname si te ofendiste

El problema con los chistes, comentarios y prácticas cotidianas discriminatorias no es que “ofendan”, es que afianzan jerarquías inequitativas y excluyentes
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Columna de
Juliana Martínez

Una de las formas más sutiles de afianzar la discriminación son las falsas disculpas.

Cuando una persona hace un chiste o comentario discriminatorio es común que su disculpa (cuando la hay) sea algo como: “perdóname si dije algo que te ofendió”.

Este tipo de disculpas ilustra una de las equivocaciones más comunes, y peligrosas, sobre cómo opera la discriminación.

La mayoría de personas cree que la discriminación se debe exclusiva o principalmente a acciones intencionales de individuos conscientemente racistas, sexistas u homo/transfóbicos.

Esto lava manos y consciencias: si soy una “buena persona”, no tengo nada de que preocuparme porque no puedo hacer ni decir nada discriminatorio.

Según esta lógica, si no hay intención de discriminar, no hay discriminación. Lo que hay es exageración por parte de la persona que dice “sentirse discriminada”, o, incluso, ataques injustificados al pobrecito que hizo el “chiste inocente”.

Nada más lejos de la realidad. El racismo, el sexismo, y la homo/transfobia, entre otros, son sistemas de opresión que operan conjuntamente para preservar un orden social, político y económico jerárquico e inequitativo que se presenta como natural y deseable.

Todos hacemos parte de estos sistemas y tenemos la capacidad de afianzarlos o cuestionarlos de muchas maneras en el día a día.

Por eso, cuando de discriminación se trata, la intención es casi irrelevante. Lo que verdaderamente importa es el impacto. El problema con los chistes, comentarios y prácticas cotidianas discriminatorias no es que “ofendan”, es que afianzan jerarquías inequitativas y excluyentes basadas en prejuicios sobre el género, la racialización, la orientación sexual, etc.

Para realmente tomar responsabilidad por nuestras acciones y trabajar en pro de la igualdad, es necesario entender el contexto más amplio de discriminación en el que operan estos comentarios o “chistes”.

Pretender que esto no es así, y continuar culpando a quienes “se ofenden”, demuestra que no se trata de ignorancia o ingenuidad, sino de negarse a dejar de lado el privilegio histórico de deshumanizar a los otros para naturalizar un orden inequitativo que nos favorece, y seguir disfrutando de los beneficios (económicos y simbólicos) de la discriminación de los demás.

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