jueves 07 de septiembre de 2023 - 12:00 AM

Juliana Martínez

Por un mundo (un poquito más) poliamoroso

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Columna de
Juliana Martínez

Al escuchar “poliamor” el primer pensamiento que viene a la mente de muchas personas es “promiscuidad”. Debido a las normas que rigen nuestra sociedad, se asume que las relaciones monógamas son las únicas moral y socialmente aceptables, y las demás son consideradas inferiores e inmorales.

Sin embargo, el poliamor es una alternativa ética para repensar las relaciones, cuestionar los guiones—usualmente sexistas e inequitativos—que las definen, y crear otras formas de experimentar el amor y el deseo desde acuerdos mutuamente construidos.

El poliamor es una clase de no-monogamia consensual. Aunque hay muchas maneras de entenderlo y vivirlo, en general, es un tipo de relación donde pueden existir vínculos erótico-románticos y erótico-afectivos con más de una persona.

Algunos de sus principios son:

El poliamor rompe los guiones y los roles de género que sustentan las relaciones tradicionales, pues, en el poliamor, nada se da por sentado.

Se trata de acuerdos entre pares con las personas con las que uno se vincula, basado, no en expectativas sociales, sino en las necesidades, intereses o deseos de estas. Por eso, la comunicación transparente, honesta, y permanente es fundamental para el poliamor.

Lo anterior hace que el poliamor pueda resultar liberador para cualquier persona, pero sobre todo para las mujeres y personas no binarias, pues celebra—en vez de reprimir—el deseo, incluido el femenino y no-normativo.

Pretender que todas las personas del mundo debemos ajustarnos a un único modelo de relación, y a una manera de desear y ser deseado, es ingenuo en el mejor de los casos, y violento en el peor de ellos.

El poliamor no es fácil ni debe ser idealizado como modelo para todo el mundo. Pero los principios que propone—la creación de acuerdos, el no asumir roles ni reglas, la comunicación constante, etc.—son lecciones que pueden beneficiar a todas las relaciones, sean poliamorosas o no.

Les invito entonces a ser “un poquito más poliamorosos”, incluso—o quizás sobre todo—dentro de nuestras relaciones “tradicionales”. Que las reglas las pongan nuestros gustos, intereses y deseos, no las expectativas sociales ni los roles de género.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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