jueves 11 de julio de 2019 - 12:00 AM

Por una sirenita con voz

Contratar a una actriz negra para representar a una joven mujer que pierde su voz para que un hombre se enamore de ella difícilmente puede ser llamado progreso
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Columna de
Juliana Martínez

Desde que Disney anunció que había contratado a Halle Bailey—una actriz afroamericana—para representar el rol de Ariel en su nueva versión de ‘La sirenita’, el debate no ha parado.

Tener una mujer negra como protagonista de una historia con la que miles de niños y niños soñarán es un indiscutible avance en términos de política racial, sobre todo para una compañía que solo hasta 2009 presentó su primera princesa negra, y hace de Bailey la primera actriz afroamericana en representar el papel de una protagonista que en la versión original era blanca.

Sin embargo, ojalá quienes discuten acaloradamente por el color de piel de la sirena debatieran también sobre la pertinencia de revivir a un personaje cuya historia, independientemente de su raza, gira alrededor de una mujer que, literalmente, renuncia a su propia voz para ganar el amor de un hombre.

En ese sentido el debate alrededor de la icónica película de Disney nos recuerda las profundas limitaciones de análisis que no sean interseccionales.

Es decir, análisis que, por centrarse demasiado en una característica que históricamente ha generado la opresión y discriminación de un grupo de personas (como la raza), ignora cómo esta se articula con otras como el género, la edad, la clase social o la orientación sexual.

Es sin duda un avance que Disney siga incluyendo cada vez mayor diversidad racial en sus películas y series. Sin embargo, contratar a una actriz negra para representar el papel de una joven mujer que pierde su autonomía y su voz para que un hombre se enamore de ella difícilmente puede ser llamado progreso.

Ojalá en la próxima película de ‘La sirenita’ Ariel sea, una mujer negra, sí, pero también una que no está dispuesta a silenciar su voz por nadie, mucho menos por una pareja.

Es decir, una historia que deje de decirnos que calladitas nos vemos más bonitas, y donde el amor romántico no sea ni la única ni la principal meta de la protagonista.

¡Eso sí que sería sueño digno para compartir con una nueva generación de niños y niñas, y un gran logro para celebrar!

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