jueves 17 de octubre de 2019 - 12:00 AM

¡Qué vivan las brujas!

En el mes de las brujas, rindo entonces homenaje a todas las mujeres de la historia que fueron violentadas por negarse a aceptar las condiciones de subordinación
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Columna de
Juliana Martínez

Octubre es el mes de las brujas, y aunque son las malas de (casi) todos los cuentos, yo quiero celebrarlas y pregunto ¿por qué se nos enseñó a despreciar y temerle a ellas y no a quienes las quemaban vivas?

Las brujas son presentadas como malvadas y aterradoras. Pero en realidad no eran más que mujeres ancianas y sabias que no se avergonzaban de serlo.

En tiempos en los que a las mujeres no se les permitía estudiar, las brujas eran científicas y médicas que dedicaban su vida a cuidar, sanar y atender las necesidades de otras mujeres; y que obtenían gran parte de sus conocimientos, no de los libros y los hombres que les ordenaban callar, sino de otras mujeres que a su vez lo habían aprendido de sus abuelas y madres.

Las brujas fueron ante todo mujeres que desafiaron las normas de género que pretendían subordinarlas y limitarlas. Por eso eran peligrosas, porque las brujas fueron mujeres que buscaron, y siempre supieron encontrar, formas de subvertir el patriarcado.

Así, el apelativo “bruja” quiso ser una brutal advertencia para las mujeres que insistían en investigar, en ser sanadoras de, y reunirse con, otras mujeres, en no tener hijos, en no subordinar su vida a los deseos y expectativas de los hombres. Las consecuencias de semejante osadía eran claras: convertirse en caricatura y ser sometida al escarnio público, o ser quemada viva.

En el mes de las brujas, rindo entonces homenaje a todas las mujeres de la historia que fueron violentadas por negarse a aceptar las condiciones de subordinación que se les asignaba y se negaron a no aprender, a no vivir su sexualidad, a no encontrarse con otras mujeres, a preferir el conocimiento a la belleza.

Ellas nos abrieron el camino y pagaron con su vida, o con una condena más difusa pero no por eso menos cruel: el aislamiento y el desprecio social.

Por eso a mí las brujas no me dan miedo ni risa. Por el contrario, me producen mucha admiración y un profundo agradecimiento, y en su mes celebro su legado de sororidad y rebeldía.

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