jueves 21 de marzo de 2019 - 12:00 AM

Sí pedimos, no nos dan

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Columna de
Juliana Martínez

Una de las frases más repetidas cuando se habla de brecha salarial entre hombres y mujeres, es que las mujeres ganamos y avanzamos menos en nuestras carreras profesionales porque no negociamos y perseguimos menos oportunidades de liderazgo.

Sin embargo, un reciente estudio mostró (https://onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.1111/irel.12214) que esta teoría, que una vez más culpa a mujeres individuales por la discriminación que sufrimos como grupo, no es del todo cierta.

El estudio señaló que aunque sí es cierto que el número total de mujeres que negocian salarios de entrada o piden aumentos es menor que el de hombres, esto se debe a la “feminización” de ciertos sectores económicos. Es decir, que la mayoría de mujeres ejerce trabajos informales o poco y mal remunerados donde negociar es simplemente imposible.

En los casos en los que las mujeres ocupan trabajos formales con posibilidades de ascenso, el estudio fue contundente: las mujeres piden ascensos y aumentos en igual cantidad que los hombres, pero no los obtienen, y, con frecuencia, enfrentan represalias por hacerlo.

Esto se debe, en gran parte, a estereotipos de género que naturalizan y sostienen la desigualdad entre hombres y mujeres.

El culto al sacrificio femenino ha hecho un profundo daño a la equidad de género. La veneración de la supuesta capacidad, y deseo, de las mujeres de hacerlo y darlo todo a cambio de nada más que el agradecimiento dificulta el que nuestro trabajo sea valorado, y, sobre todo, remunerado de igual manera que el de los hombres.

Además, el imaginario cultural sigue viendo a las mujeres (sobre todo a las madres) como menos competentes y capaces, y considera el trabajo femenino como ancilar pese a que hoy en día la mayoría de los niños y niñas en Colombia crezcan en hogares sostenidos por madres cabeza de familia.

Trabajar por poca o ninguna remuneración no hace parte de la naturaleza femenina, pero sí es parte fundamental de un sistema basado en nuestra subordinación social y explotación económica.

Las mujeres no queremos que nos den las gracias; queremos paridad salarial, pensiones, y la redistribución de las labores del cuidado para poder avanzar profesional, social y personalmente.

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