jueves 16 de septiembre de 2021 - 12:00 AM

Una cosa no muy neutra

Quien escribe literatura es siempre alguien que se ha quitado las anteojeras y la mordaza; y eso suele incomodar a los censores de turno.
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Columna de
Juliana Martínez

En la introducción a La verdad de las mentiras, el clásico libro de Mario Vargas Llosa, el Nobel de literatura reflexiona sobre por qué, si las novelas son por definición ficción, incomodan tanto a ciertos gobiernos, al punto de censurarlas o intentar silenciar a sus autores.

Como ejemplo, Vargas Llosa inicia su texto recordando que los inquisidores españoles prohibieron que se publicaran e importaran novelas en las colonias hispanoamericanas. Al censurar un género, en vez de una obra concreta, Vargas Llosa argumenta que pese a su radicalismo, o quizás precisamente por este, los inquisidores parecían haber entendido “las propensiones sediciosas” de la literatura.

“Sediciosas”, en este contexto, no se refiere a una revolución armada; sino a una rebelión más profunda, pacífica, y quizás también más peligrosa: el rechazo a aceptar la realidad, a menudo violenta y limitada, que un régimen ideológico intenta imponer.

En ese sentido, la literatura es siempre un gesto crítico e indócil.

Crítico porque, como dice Vargas Llosa, “en el embrión de toda novela bulle una inconformidad”. Los y las grandes novelistas no son serviles retratistas de su tiempo. Son críticos incisivos de la sociedad que habitaron; lúcidos estenógrafos de sus contradicciones, su oscuridad y su belleza.

Indócil, porque el papel de la literatura es romper el silencio y minar la aquiescencia colectiva.

Quien escribe literatura es siempre alguien que se ha quitado las anteojeras y la mordaza; y eso suele incomodar a los censores de turno.

Por eso, usar la neutralidad como criterio de selección a una feria del libro es un contrasentido literario que dejaría por fuera a los dos autores que supuestamente tanto le gustan al Embajador: Pablo Neruda y Gabriel García Márquez, cuyo realismo mágico tanto se usa por estos días para vender al país como destino turístico.

Pero más allá del despropósito literario, las declaraciones del Embajador resultan particularmente risibles cuando el propio Presidente de la República hace parte de la lista de invitados presentando un libro co-escrito con su anterior Ministro de Cultura.

No se trata entonces de neutralidad, sino de una nueva articulación del viejo deseo de los inquisidores.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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